Por: Equipo Auditool

 El CFO quiere números, el CEO quiere resultados. Aquí tienes las métricas y argumentos que transformarán tu función de centro de costo a generador de valor.

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La escena es familiar: llega la temporada de presupuestos y el CFO mira los números de auditoría interna con una pregunta implícita en los ojos. No la dice directamente, pero está ahí: ¿qué estamos recibiendo a cambio de esta inversión? Tú sabes que tu equipo trabaja duro, que identifica riesgos, que mejora procesos. Pero cuando te piden traducir eso en términos que un financiero entienda, las palabras se vuelven difusas.

Este es el dilema central de nuestra profesión: hacemos un trabajo que genera valor real, pero ese valor es notoriamente difícil de cuantificar. No producimos ingresos directos. No vendemos productos. Nuestro impacto se mide en pérdidas evitadas, fraudes prevenidos, eficiencias logradas, riesgos mitigados. Todo importante, todo intangible, todo difícil de poner en una hoja de cálculo.

Las Normas Globales de Auditoría Interna (NOGAI) no te eximen de este desafío; de hecho, lo enfatizan. El propósito de la auditoría interna, según el Dominio I, es agregar valor a la organización. Pero agregar valor sin poder demostrarlo es como tener un tesoro que nadie puede ver. Octubre, cuando se cierran ciclos y se preparan presupuestos, es el momento de aprender a hacerlo visible.

Por qué fallamos en comunicar nuestro valor

Antes de hablar de métricas, debemos entender por qué tantas funciones de auditoría interna luchan con esta conversación. Las razones son múltiples y, a menudo, autoinfligidas.

La primera razón es que medimos actividad, no impacto. Reportamos cuántas auditorías completamos, cuántas horas invertimos, cuántos hallazgos identificamos. Pero ninguna de estas métricas responde la pregunta que realmente importa: ¿y eso qué significó para la organización? Completar veinte auditorías no es valor; lo que esas auditorías lograron sí lo es.

La segunda razón es que hablamos en lenguaje de auditor, no de negocio. Nuestros informes están llenos de términos como «deficiencia de control», «riesgo residual» o «cumplimiento parcial». Para nosotros, estos conceptos son precisos y significativos. Para el CFO, son abstracciones sin conexión con sus preocupaciones reales: flujo de caja, rentabilidad, crecimiento, supervivencia.

La tercera razón es que no hacemos seguimiento al impacto de nuestras recomendaciones. Emitimos hallazgos, proponemos mejoras, y luego pasamos a la siguiente auditoría. Rara vez volvemos para medir qué cambió realmente después de que la administración implementó —o no— nuestras sugerencias. Sin ese seguimiento, no tenemos evidencia de impacto.

"Si no puedes explicar tu valor en términos que el negocio entienda, el problema no es del negocio; es tuyo."

Las métricas que realmente importan

Transformar la percepción de auditoría interna requiere cambiar qué medimos y cómo lo comunicamos. Hay dos categorías de métricas que debes dominar: las de eficiencia operativa y las de impacto en el negocio.

Las métricas de eficiencia operativa demuestran que gestionas bien tus recursos. Incluyen el porcentaje de cumplimiento del plan de auditoría, que muestra que entregas lo prometido. También el costo por auditoría o por hora de aseguramiento, que permite comparaciones y demuestra consciencia de costos. Y la cobertura del universo de riesgos críticos, que evidencia que priorizas lo importante.

Pero las métricas de eficiencia solo cuentan la mitad de la historia. Las métricas de impacto en el negocio son las que realmente capturan la atención del liderazgo ejecutivo.

La primera métrica de impacto es el valor financiero de hallazgos. Cuando identificas un fraude, una fuga de recursos, un sobrepago a proveedores o un proceso ineficiente, cuantifícalo. No digas «se identificaron debilidades en el proceso de pagos»; di «se identificaron pagos duplicados por 2.3 millones en los últimos 18 meses, de los cuales 1.8 millones son recuperables».

La segunda métrica es el costo evitado. Cuando tu auditoría previene una multa regulatoria, una pérdida por fraude que no se materializó, o un proyecto fallido que se detuvo a tiempo, ese es valor real. Requiere estimación, pero una estimación conservadora y bien fundamentada es infinitamente mejor que el silencio.

La tercera métrica es la mejora en indicadores operativos. Si después de tu auditoría al proceso de inventarios la exactitud pasó del 87% al 96%, eso es impacto medible. Si el tiempo de cierre contable se redujo de 15 a 10 días tras implementar tus recomendaciones, captúralo.

La cuarta métrica es el ROI de la función. Toma el valor financiero documentado de tus hallazgos e intervenciones, divídelo entre el costo total de la función de auditoría. Si el resultado es mayor a 1, estás generando más valor del que consumes. Algunas funciones de auditoría interna reportan ROIs de 5:1 o superiores cuando miden esto rigurosamente.

Hablando el idioma del CFO y del CEO

Tener las métricas correctas es solo el comienzo. Comunicarlas efectivamente requiere entender qué le quita el sueño a cada audiencia.

El CFO piensa en términos financieros: rentabilidad, costos, capital de trabajo, riesgo financiero. Cuando hables con el CFO, traduce tu trabajo a su lenguaje. No digas «mejoramos los controles de compras»; di «identificamos oportunidades de ahorro en el proceso de adquisiciones por 450,000 anuales, y redujimos el riesgo de pérdidas por fraude de proveedores estimado en 200,000». Números concretos, impacto en el estado de resultados o en el balance.

El CEO piensa en términos estratégicos: crecimiento, reputación, sostenibilidad del negocio, ventaja competitiva. Cuando hables con el CEO, conecta tu trabajo con los objetivos estratégicos. No digas «auditamos el proceso de cumplimiento regulatorio»; di «aseguramos que la expansión al nuevo mercado no se retrase por problemas regulatorios, protegiendo 30 millones en ingresos proyectados».

"El valor que no se comunica en el idioma del receptor es valor que no existe para efectos prácticos."

El Comité de Auditoría piensa en términos de gobierno: ¿está la organización protegida? ¿Los riesgos están bajo control? ¿Hay sorpresas desagradables en el horizonte? Cuando reportes al Comité, enfatiza la cobertura de riesgos críticos, las tendencias en el ambiente de control, y tu evaluación honesta de si la organización está mejor protegida que hace un año.

Construyendo el sistema de captura de valor

Demostrar valor no puede ser un ejercicio de fin de año; debe ser un proceso continuo integrado en tu operación. Aquí está cómo construirlo.

El primer paso es rediseñar tus papeles de trabajo. Cada auditoría debe incluir una sección específica para documentar el impacto potencial y real de los hallazgos. No solo qué encontraste, sino qué significa en términos de dinero, riesgo o eficiencia.

El segundo paso es implementar seguimiento sistemático. Tres a seis meses después de cerrar una auditoría, vuelve a verificar qué cambió. ¿Se implementaron las recomendaciones? ¿Cuál fue el resultado? Esta información es oro para demostrar valor, y casi nadie la recolecta.

El tercer paso es crear un repositorio de valor. Mantén un registro centralizado de todos los hallazgos con impacto cuantificable, los costos evitados documentados, las mejoras en indicadores atribuibles a auditoría, y los reconocimientos o feedback positivo de stakeholders. Este repositorio será tu munición cuando llegue la conversación de presupuesto.

El cuarto paso es reportar valor periódicamente, no solo cuando te lo pidan. Incluye una sección de «valor generado» en cada informe trimestral al Comité. Haz visible lo que de otra forma permanecería invisible. Cuando el CFO pregunte qué recibe por su inversión, ya tendrás meses de evidencia acumulada.

Los argumentos más allá de los números

No todo el valor es cuantificable, y está bien. Algunos argumentos cualitativos son igualmente poderosos cuando se presentan correctamente.

El argumento del seguro. La auditoría interna es como un seguro: pagas por él esperando no necesitarlo, pero su valor se hace evidente cuando evita una catástrofe. Los fraudes que no ocurrieron porque existía supervisión, las crisis reputacionales que se evitaron por controles robustos, los problemas regulatorios que nunca se materializaron. Este valor es real aunque sea difícil de cuantificar.

El argumento del cumplimiento. Para empresas reguladas, cotizadas en bolsa o con requisitos de gobierno específicos, la auditoría interna no es opcional. Pero incluso aquí puedes demostrar valor: una función bien gestionada cuesta menos que tercerizar completamente, genera conocimiento institucional que los externos no tienen, y responde más rápido a las necesidades del negocio.

El argumento de la confianza. Una función de auditoría interna fuerte y respetada genera confianza en inversionistas, reguladores, socios comerciales y otros stakeholders. Esta confianza tiene valor económico real, aunque sea difícil de poner en una celda de Excel.

La conversación que cambiará tu posición

Octubre es el momento crítico. Los presupuestos se están definiendo, los resultados del año se están evaluando, las decisiones de inversión para el próximo ciclo se están tomando. Esta es tu ventana para cambiar la narrativa sobre auditoría interna.

Antes de tu próxima reunión con el CFO o tu próxima presentación al Comité de Auditoría, hazte estas preguntas: ¿Puedo cuantificar el valor financiero generado por mi función este año? ¿Tengo ejemplos concretos de costos evitados o recuperados? ¿Puedo conectar el trabajo de auditoría con los objetivos estratégicos de la organización? ¿Estoy comunicando en el lenguaje de mi audiencia?

Si la respuesta a alguna de estas preguntas es no, todavía tienes tiempo de cambiar. Revisa tus hallazgos del año, busca los que tienen impacto cuantificable, construye tu caso. No esperes a que te pregunten para tener la respuesta lista.

Las NOGAI te piden agregar valor. Pero agregar valor sin poder demostrarlo es dejar tu destino en manos de la percepción subjetiva de otros. En un mundo donde los recursos son escasos y la competencia por presupuesto es feroz, la función que puede demostrar su retorno es la función que sobrevive y prospera. La que no puede hacerlo queda a merced de recortes cuando los tiempos se ponen difíciles.

"No se trata de defender tu existencia; se trata de demostrar que la organización sería más pobre —literal y figurativamente— sin ti."

La auditoría interna genera valor real. Tu trabajo es hacer que ese valor sea innegable, medible y visible. Porque el mejor trabajo del mundo no sirve de nada si nadie sabe que existe.

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COMPETENCIA QUE DESARROLLA ESTE ARTÍCULO

Comunicación del valor y medición de impacto

Contenido alineado con las Normas Globales de Auditoría Interna (NOGAI)

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