Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool.

Una de las industrias que ha experimentado mayor transformación debido a los avances tecnológicos, cambios en los hábitos de consumo de las personas y la globalización gracias a los recursos informáticos es la industria musical, la cual, además de ser un negocio multimillonario está sometida a una constante y rápida evolución. Una de las tecnologías que más ha impactado al negocio musical es la digitalización, pues ha introducido grandes cambios a la manera en que se produce, distribuye y consume la música. Con la aparición de los servicios de streaming, que son plataformas en línea que permiten escuchar música a través de Internet sin necesidad de que sean descargadas y almacenadas para escucharlas posteriormente, se permite que los usuarios pueden buscar y reproducir canciones en cualquier momento, desde cualquier dispositivo que posea conexión a Internet y que la misma esté disponible, por lo cual se ha afectado la venta de elementos físicos tales como discos, casetes, cd, etc. Este cambio ha variado la manera en que las personas tienen acceso a la música, permitiendo a artistas independientes llegar a una audiencia global, así como tener acceso a millones de canciones, lo que se ha convertido en algo instantáneo y asequible.

La tecnología ha cambiado las reglas del juego en el negocio de la música y los auditores que formen parte de este entorno deben estar atentos a las nuevas dinámicas que mueven el mercado. Las ventas físicas de discos han disminuido drásticamente (a pesar de la reciente nostalgia por los discos en acetato que tienen un mercado propio pero reducido), las descargas digitales también han sufrido un descenso considerable, puesto que las personas prefieren pagar por un modelo de suscripción más que la compra de archivos y en ese sentido, los ingresos por publicidad en plataformas de streaming se han convertido en las principales fuentes de ingresos para muchos artistas y productores. En este caso se hace evidente que la capacidad de adaptarse rápidamente a las tendencias y mantener una presencia constante en línea es crucial para el éxito en la industria actual.

Ahora bien, esta industria, como cualquier otra, se ve enfrentada a una diversa variedad de riesgos de fraude que van desde cláusulas inapropiadas en los contratos de los artistas hasta fraudes tecnológicos en las plataformas de reproducción musical. Los principales tipos de fraude que pueden verse en la industria de la música son:

Manipulación de reproducciones (Streaming Fraud)

Este es uno de los fraudes más problemáticos en la industria musical. Se usa para inflar artificialmente los números de reproducciones y, de esta manera, obtener más regalías. Para el efecto, se crean miles de cuentas falsas (granjas de bots o bodegas) que reproducen repetidamente ciertas canciones. También ocurre que algunos servicios de internet prometen agregar canciones a listas con miles de seguidores, pero en realidad son cuentas falsas. Otra faceta es el acuerdo en que grupos de artistas y sellos musicales acuerdan reproducirse mutuamente en bucle para aumentar números de reproducciones (Círculos de streaming). Por ejemplo, en septiembre de 2024, un productor musical llamado Michael Smith, un desconocido en la industria musical, fue arrestado en Carolina del Norte, EE. UU., pues cometió varios delitos relacionados con un fraude de más de 10 millones de dólares en regalías. Para el efecto, empleó canciones generadas por inteligencia artificial (IA) y bots para inflar artificialmente las reproducciones de su música en plataformas de streaming como Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music.

Robo de derechos de autor

Es otro tipo de fraude alarmante en la industria musical. Implica el uso no autorizado de la música de otro artista sin su permiso, lo que puede llevar a pérdidas financieras significativas y a disputas legales prolongadas. Una práctica común en este tema es el plagio, donde se copian fragmentos de canciones y se presentan como originales. Aunque las canciones se modifiquen levemente para evitar demandas, el plagio sigue siendo evidente para los expertos. También existe el registro fraudulento de obras, en el cual individuos o empresas registran canciones que no les pertenecen, para reclamar así los derechos y los ingresos generados por esas obras y puede privar a los artistas legítimos de los beneficios de su trabajo creativo.

Fraudes contractuales

Este tipo de fraude puede adoptar diversas formas, desde contratos injustos hasta promesas incumplidas por parte de agentes y mánagers. Las cláusulas abusivas son una táctica común que es empleada por algunos sellos discográficos inescrupulosos para imponer términos que limitan los derechos de los artistas o los obligan a ceder derechos a perpetuidad. Son contratos con cláusulas confusas y difíciles de entender, que dejan a muchos artistas en una posición vulnerable. Además, algunos agentes y managers sin ética pueden hacer falsas promesas de fama y éxito a cambio de grandes sumas de dinero, sin tener la intención de cumplir lo acordado.

Otros tipos de fraude son la reventa de boletos y fraude en conciertos, en que se venden entradas que no existen o han sido revendidas varias veces o se anuncian conciertos que nunca se realizan. Así mismo hay fraude en ventas y premios, al inflar artificialmente cifras y alcanzar certificaciones (discos de oro o premios) mediante el uso de bots para alterar los resultados, cuando el voto del público es decisivo.

Para la industria (y para los auditores vinculados al medio) es importante conocer qué medidas adoptar para protegerse del fraude. Algunas recomendaciones son:

  • Investigar a fondo: antes de firmar cualquier contrato o realizar un pago, es necesario investigar a la persona o empresa con la que se está tratando. Debe haber debida diligencia. Hay que buscar reseñas, testimonios y referencias en línea. Si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea.
  • Buscar asesoría legal: en ocasiones es conveniente contratar a un abogado especializado o una persona experta en derechos de autor y contratos musicales. Un profesional puede revisar los acuerdos y asegurarse de que los intereses de quien contrata están protegidos.
  • Proteger la propiedad intelectual: registrar canciones y obras ante las autoridades pertinentes de acuerdo con la jurisdicción es bastante útil, pues otorga pruebas legales de autoría en caso de discusiones y actuaciones legales.
  • Emplear detección tecnológica: las plataformas de streaming utilizan algoritmos y sistemas de inteligencia artificial para identificar patrones sospechosos, como streams repetidos desde la misma IP o dispositivo. Es aconsejable explorar este tema con expertos para garantizar resultados confiables.

Hay que tener presente que el fraude en la industria musical es una realidad que puede afectar a cualquier artista, independientemente de su nivel de experiencia. Sin embargo, un auditor con el conocimiento apropiado puede contribuir a minimizar los riesgos y permitir a las organizaciones de la industria musical enfocarse en su negocio.


CP Iván Rodríguez - CIE AF

Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.

Bogotá DC, Colombia.

 

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