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Recuerda esa visita. El responsable del área te recibió con un café, te presentó al equipo por tu nombre, bromeó sobre lo difícil que es tu trabajo y te dijo, casi en confianza, que él siempre ha admirado a los auditores serios. Para el final de la mañana, sin darte cuenta, estabas revisando con menos dureza de la habitual. No porque la evidencia fuera más sólida. Porque te caía bien.
Nos entrenan para detectar incongruencias en los números, pero rara vez nos entrenan para detectar incongruencias en nosotros mismos. Y ahí está el punto ciego: el escepticismo profesional no se pierde frente a un balance manipulado. Se pierde frente a una sonrisa, un favor o una urgencia bien colocada.
El defraudador competente lo sabe. No te ataca de frente: te gestiona. Y casi siempre usa las mismas seis palancas.
El libro que explica cómo te “ablandan”
En Influencia, el psicólogo Robert Cialdini documentó seis principios que disparan en las personas una respuesta casi automática de aceptación. Su investigación estaba pensada para entender a vendedores y publicistas, pero su lectura desde la auditoría es incómoda: esos mismos seis principios son las herramientas favoritas de quien tiene algo que ocultar.
La persuasión no busca convencerte con argumentos. Busca que respondas sin pensar. Para el auditor, “sin pensar” es exactamente lo contrario de su trabajo.
Los 6 principios, traducidos a tu día a día
El escepticismo profesional no es una pose: es una exigencia normativa. La NIA 200 lo define como una actitud que incluye una mente inquisitiva y la evaluación crítica de la evidencia; la NIA 240 recuerda que esa actitud debe mantenerse incluso cuando la experiencia previa sugiere honestidad de la administración. En auditoría interna, el debido cuidado profesional de las Normas Globales del IIA apunta en la misma dirección. Cialdini nos da el manual de lo que amenaza ese escepticismo. Esta tabla lo resume:
| Principio |
Cómo lo usa el auditado |
Tu defensa |
| 1. Reciprocidad |
Favores, atenciones, acceso preferente: “ya que te ayudé…”. |
Separa la cortesía del alcance. Un favor no reduce una muestra. |
| 2. Autoridad |
Apela a su cargo o antigüedad: “esto siempre se ha hecho así”. |
La jerarquía no es evidencia. Pide el soporte, no el título. |
| 3. Simpatía |
Genera cercanía y complicidad para que no quieras “quedar mal”. |
Que te caiga bien no es un control. Documenta igual. |
| 4. Escasez |
Urgencia artificial: “es el último día”, “no hay tiempo de revisar”. |
La prisa ajena no es tu plazo. El alcance lo fijas tú. |
| 5. Compromiso y coherencia |
Te hace aceptar algo pequeño para que sigas cediendo. |
Cada conclusión se sostiene sola, no por lo que dijiste antes. |
| 6. Prueba social |
“Todas las áreas lo manejan igual, nadie se ha quejado”. |
Lo común no es lo correcto. La norma manda, no la costumbre. |
El patrón es claro: ninguna de estas palancas toca la evidencia. Todas operan sobre tu percepción. Por eso nombrarlas es la mitad de la defensa: cuando puedes decir “esto que siento es reciprocidad”, el truco pierde su poder automático.
Un caso que quizás reconozcas
En una compañía de distribución en la región, un auditor revisaba pagos a proveedores. El gerente de compras —carismático, atento, con 20 años en la empresa— lo recibió cada día con un trato impecable (simpatía), le facilitó documentos “por adelantado” para ahorrarle trabajo (reciprocidad) y, cuando el auditor pidió contratos de un proveedor específico, respondió que ese proveedor lo manejaba directamente la gerencia general y que “nunca” había dado problemas (autoridad + prueba social).
El auditor estuvo a punto de cerrar el punto. Pero anotó algo distinto: “Tres señales de persuasión en un mismo proveedor sin contrato disponible”. Esa frase —tratar la persuasión como bandera roja, no como cortesía— lo llevó a insistir. El proveedor resultó ser una sociedad vinculada al propio gerente. La amabilidad no era amabilidad: era una cortina.
| La lección: la evidencia se mantuvo igual de débil todo el tiempo. Lo que cambió fue que el auditor dejó de leer la amabilidad como contexto y empezó a leerla como dato. |
Qué puedes hacer desde mañana
- Ponle nombre en el momento. Cuando sientas que “te cae bien” o que “hay prisa”, identifica cuál de los 6 principios está operando. Nombrarlo lo neutraliza.
- Separa la relación del alcance. Decide el tamaño de tu muestra y tus pruebas antes de la reunión, no durante el café.
- Exige el soporte, no la explicación verbal. “Siempre se ha hecho así” no es papel de trabajo. El documento sí.
- Trata la amabilidad excesiva como una variable. No como sospecha automática, pero sí como un dato que vale la pena anotar.
- Revisa tu propio sesgo al cierre. Pregúntate: ¿mi conclusión cambiaría si esta persona me cayera mal?
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El escepticismo profesional no se pierde frente a un número. Se pierde frente a una sonrisa.
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