Las organizaciones sin fines de lucro han existido desde que el ser humano se percató de que algunos de sus semejantes, con sus propios medios, no lograban alcanzar mínimos razonables de realización en los terrenos de la asistencia, la educación, la investigación, la protección y conservación del medio ambiente, los derechos humanos, etcétera.
Era necesario que quienes habían sido favorecidos con medios económicos suficientes, educación y conocimientos científicos echaran mano de sus privilegios, su generosidad y su conciencia para subsidiar de manera desinteresada a los menos favorecidos.
Los gobiernos de todo el mundo han demostrado que sus recursos son insuficientes -por decir lo menos- para cubrir dichas necesidades. De hecho, en muchas ocasiones han logrado lo contrario: la destrucción del ser humano en lo físico, lo psicológico, lo moral y lo económico.
A raíz de acontecimientos terribles brotaron personajes heroicos como Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, Florence Nightingale y otros más.
Los esfuerzos personales particulares fueron evolucionando con el fin de lograr mayor eficiencia y alcance en su propósito de ayuda desinteresada, hasta lograr constituirse en las actuales organizaciones sin fines de lucro.
Pero también todos conocen que muchas organizaciones de este tipo no logran comunicar plena confianza ante el público que es, en última instancia, el que soporta a las mismas con su peculio y, a veces, con su tiempo y esfuerzo personal voluntario. ¿En dónde está entonces la médula, el secreto de una trayectoria sólida, sana y confiable? En los objetivos.
Es ya sabido que el cerebro funciona y se desarrolla, es decir, evoluciona sí y sólo si tiene instalado un sistema de objetivos. De igual manera, las organizaciones requieren del establecimiento de objetivos que se plasman en un plan.
Para las personas morales, las leyes sabiamente lo reglamentan: todos los estatutos deben contener lo que se denomina el “objeto social”. Y es precisamente la fidelidad con que se sigue y se cumple dicho objeto social lo que permite juzgar el buen comportamiento ético de la persona moral.
Y puesto que la ética va más allá de las meras restricciones, el comportamiento ético no consiste sólo en “evitar desviaciones”, sino en el decidido y dinámico desarrollo de acciones que garanticen la consecución de los fines de la organización.
Si a las empresas lucrativas se les recomienda instalar las Mejores Prácticas Administrativas, cuánta mayor razón hay para que las organizaciones no lucrativas se ocupen de lo mismo.
Ahora bien, una vez sentadas las bases teóricas, conviene asomarse objetivamente a esas mejores prácticas, para lo cual tomaremos como ejemplo una fundación:
Objeto social
El primer paso consistirá en definir los fines, objetivos y las metas. Nada tan valioso como tener y mantener claro en qué consiste la misión, la razón de ser de la organización. Tal definición quedará plasmada en el estatuto social como base y punto de referencia para juzgar la actuación de los encargados de la marcha de la entidad.
Plan de negocios
Definida la misión, es necesario pensar en cómo se llevará a cabo. Para ello, es recomendable contar con ese valioso instrumento que se denomina plan de negocios.
Es frecuente escuchar el comentario de que una institución sin fines de lucro “no debería hacer negocio”. Pero se debe hacer una distinción: una cosa es no tener fines de lucro y otra distinta es no hacer negocio. Las asociaciones y sociedades civiles también existen en el sistema económico y forman parte de él. Las leyes así lo prevén y lo reglamentan, porque si no fuera así, no existirían, por ejemplo, los despachos de profesionistas.
Etimológicamente, nec-otium significa la negación del ocio; es decir, tener una ocupación, por lo tanto, hacer neg-ocio es una obligación ética. Esto nos lleva a la filosofía del manejo del flujo del dinero y de otros bienes que se pueden recibir en la fundación y también los que ésta puede entregar a sus beneficiarios.
En lo que respecta al recurso dinero, la meta de la fundación consiste en obtener todo el efectivo que sea posible, para realizar el mayor y mejor cumplimiento de sus fines en beneficio de terceros.
Control
Los administradores y el consejo deben tener conocimiento de:
La operación, para estar en posibilidad de comparar la actividad y el desempeño contra el objeto social.
La contabilidad, para ejercer la indispensable rendición de cuentas. Al respecto, las normas de información financiera han venido evolucionando en los últimos años. La información mensual debería contener como mínimo:
+ El balance general.
+ Anexo con integración de los principales saldos.
+ El estado de actividades.
+ El estado de cambios en la situación financiera.
+ Notas relevantes que reflejen la opinión del administrador, su visión y juicio sobre la marcha de la empresa, así como su opinión de los problemas pendientes.
La tesorería
En una empresa mercantil se mira con agrado y aun se premia la obtención de excedentes de efectivo. En la institución no lucrativa, los excedentes temporales tienen sentido sólo si existen en paralelo proyectos para la aplicación de dichos fondos; en caso contrario, pueden ser indicadores de ineficiencia o de retraso. Los administradores podrían no ser premiados cuando sobra demasiado.
La fórmula ideal de flujo de efectivo en la empresa mercantil es:
Entradas-salidas=máximo remanente para propósitos de accionistas.
La fórmula ideal de flujo de efectivo en Institución no Lucrativa es:
Entradas-salidas=cero remanente para asociados.
La relación con autoridades y cumplimiento de las leyes.
Sin duda alguna, el lector habrá detectado ya que los puntos mencionados no son otra cosa que los pasos clásicos del proceso administrativo:
- Planeación.
- Organización.
- Integración.
- Dirección.
- Control.
En otras palabras, para lograr una buena interpretación de la pieza que se nos ha encomendado, alguna vez será válida la improvisación genial, pero mayormente será recomendable tocar “por nota”, es decir, con la pauta a la vista, para no correr el riesgo de desafinar.
C.P.C. Vinicio González Castillo. Administrador de la Fundación Clínica Médica Sur, A.C.
Director General del Despacho Vinicio González Castillo
Fuente: Revista Contaduría Pública www.contaduriapublica.org.mx del Instituto Mexicano de Contadores Públicos www.imcp.org.m
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