Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool.
A raíz de la pandemia de COVID-19 se ha intensificado el trabajo remoto, en el que los auditores ya contaban con amplia experiencia. Sin embargo, muchos clientes en su adaptación a las labores remotas, con pautas de distanciamiento social, han forzado cambios en la forma en que se realizan las auditorías.
La labor del auditor se enfrenta a nuevos desafíos. Por ejemplo, la aplicación del escepticismo al auditar de forma remota, toda vez que ha cambiado el acceso a las personas y la información, así como la obtención de evidencia. Los cambios abarcan desde los tipos de preguntas que los equipos de trabajo formulan a sus clientes, cuando hay inquietudes, hasta la composición del equipo de compromiso. Asimismo, ahora hay nuevas maneras de realizar entrevistas a los clientes, que buscan aprovechar al máximo las herramientas de videoconferencias, así como el uso de aplicativos de colaboración al entrenar y supervisar equipos de compromiso.
Antes de la pandemia, la aplicación del escepticismo profesional era ya un tema recurrente en las evaluaciones regulatorias, así como en el apoyo a auditorías de alta calidad. El impacto de la pandemia en los clientes (incluidas las personas, los procesos y la tecnología), en la manera en que se realizan las auditorías, junto con la incertidumbre en la economía, solo subrayan más su importancia.
Al revisar la literatura técnica, se observa que el escepticismo tiene su raíz en la duda. El escepticismo profesional del auditor significa su actitud cautelosa al tratar con una situación o evidencia de auditoría que tiene la posibilidad de inexactitud. Los auditores emplean el escepticismo al tomar decisiones con respecto a la evidencia de auditoría requerida, para determinar su relevancia, adecuación y competencia. Entonces, es fundamental que el auditor tenga y aplique una actitud de escepticismo profesional durante el proceso de auditoría. Esto se evidencia con una mentalidad crítica en la comprensión de la entidad, su negocio y el entorno en el que opera. Esta comprensión, junto con un conocimiento y experiencia empresarial más generales, permiten al auditor evaluar los riesgos de errores materiales en los estados financieros de la entidad, evaluar la idoneidad de la evidencia de auditoría y llegar a conclusiones apropiadas.
El escepticismo profesional es un aspecto importante del juicio del auditor con respecto a la planificación, ejecución y evaluación de los resultados de la auditoría. Cuanto más escéptico es un auditor, mejor será la calidad del control y supervisión de una auditoría remota: auditoría que él o ella realiza y, por tanto, será más competente. Las normas profesionales suelen exigir que el auditor posea y mantenga el escepticismo profesional y lo definen como una actitud que incluye: una mente inquisitiva, estar alerta a las condiciones que pueden indicar una posible declaración errónea (ocasionada por error o fraude) y una evaluación crítica de la evidencia de auditoría.
Un desafío para el auditor es la manera en la que puede aplicar el escepticismo; especialmente, en un entorno económico incierto o en el contexto del trabajo remoto. A continuación, presentamos algunos elementos para tener en cuenta:
- Considerar, cuidadosamente, si la alta administración tiene algún sesgo de gestión.
- Cuestionar las cifras y pronunciamientos de la gerencia cuando afirman que ciertos procedimientos, saldos y controles continúan igual que en años anteriores.
- Prestar atención no solo a la información que le es suministrada al auditor, sino también a lo que puede faltar.
- Reevaluar cómo se realizan los procedimientos analíticos sustantivos y los análisis de variaciones.
- Encontrar formas de maximizar los procedimientos de auditoría virtuales.
- Evaluar, de manera crítica, la fiabilidad de la evidencia de auditoría electrónica.
El auditor debe tener en cuenta que una auditoría se puede llevar a cabo de forma remota total o parcialmente cuestionándose lo siguiente:
Si todos los procedimientos de auditoría remota que se empleen pueden proporcionar una garantía adecuada. Además, si la infraestructura con que cuenta la organización objeto de auditoría (aplicaciones, redes, datos, etc.) permite auditorías remotas.
Este tipo de trabajo puede ser tan efectivo y eficiente como las auditorías convencionales, en la medida en que se pueda garantizar que la información requerida es suficiente y que se pueden cumplir reuniones periódicas entre las unidades de trabajo para que la comunicación funcione bien.
Por otro lado, durante la pandemia de COVID-19, se suspendieron las reuniones comerciales y presenciales entre auditores y clientes. Como resultado de ello, los auditores tuvieron que recurrir a la auditoría remota para continuar con sus planes de auditoría y así superar las restricciones existentes, entre ellas la movilidad. Por ello, hay que tener en cuenta que los métodos de auditoría parcialmente remota que requieren la presencia física del auditor incluyen conversaciones preliminares y finales, pruebas de los resultados físicos de las actividades, recopilación y prueba de documentos de auditoría, entrevistas y confirmaciones.
Por su parte, la auditoría remota se lleva a cabo utilizando tecnologías de información y comunicación, sistemas electrónicos y nuevas adaptaciones. Con ausencia física, los auditores deben equilibrar el escepticismo y el juicio profesional. También, deben tener la capacidad de adaptarse y ser flexibles tanto en la planificación como en la ejecución, para poder incorporar los cambios en el entorno.
El uso de la tecnología y la comunicación para llevar a cabo las pruebas tales como el inventario, la observación y la inspección deben afinarse con la documentación y la preparación de los informes de inspección en un esquema remoto. La comunicación de los resultados de la auditoría debe adaptarse también a las circunstancias de este tipo de trabajo.
Adicionalmente, en el trabajo a distancia, otras limitaciones identificadas que deben superarse son:
- La comunicación tiende a requerir una programación anticipada
- La puntualidad de la recepción de información es más difícil
- La capacitación remota de los miembros del equipo es más difícil y lleva más tiempo
- Es difícil compartir conocimientos y estar al tanto del progreso de otros ámbitos que tienen impacto colateral.
- Los informes de revisión y los documentos de trabajo pueden tomar más tiempo.
En cuanto a las recomendaciones acordadas, el seguimiento por parte del auditor se hace de manera remota mediante el uso de la tecnología de la información y la comunicación, de modo que el nivel de garantía y la calidad de la auditoría se mantengan según lo planeado.
Por último, es importante resaltar que, en el entorno actual, no se puede exagerar la importancia de aplicar el escepticismo profesional. A medida que se realizan trabajos de auditoría con la expectativa de que es poco probable que el trabajo remoto desaparezca, las lecciones aprendidas en estos tiempos inciertos seguirán siendo relevantes más allá de la pandemia. De ahí la importancia de concientizarse sobre cómo los auditores y sus equipos abordan el trabajo remoto con un sano escepticismo.

CP Iván Rodríguez - CIE AF
Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.
Bogotá D.C., Colombia
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