Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool.  

En el ámbito de la auditoría, la ética tiene un papel preponderante pues es uno de los pilares que sustenta la credibilidad y utilidad de los informes financieros. El auditor, como garante de la confianza pública, debe actuar con independencia, integridad, objetividad y responsabilidad profesional, que son los principios consagrados en el Código Internacional de Ética para Contadores[1], promulgado por el Consejo Internacional de Normas de Ética para Contadores (International Ethics Standards Board for Accountants - IESBA). Estos valores guían la actuación diaria del auditor y buscan asegurar que los resultados de su trabajo sean percibidos como confiables por los usuarios de la información financiera, desde inversionistas hasta reguladores. Los auditores se encuentran inmersos en un entorno empresarial cada vez más complejo, donde los conflictos de interés y las presiones externas pueden comprometer la imparcialidad, por lo que mantener un compromiso ético inquebrantable se constituye en un desafío. En su trabajo, el auditor desempeña un rol crítico como custodio de la confianza pública y en ese orden de ideas, su compromiso ético es la base de su legitimidad profesional. Según el Código de Ética de IESBA, los principios fundamentales que guían al auditor incluyen:

  • Integridad: Actuar con honestidad y rectitud en todas las interacciones profesionales, evitando cualquier conducta que pueda desacreditar la profesión.
  • Objetividad: Mantener una postura imparcial, libre de influencias indebidas o prejuicios que puedan sesgar los juicios profesionales.
  • Competencia y cuidado profesional: Aplicar el conocimiento técnico y la diligencia necesaria para garantizar la calidad del trabajo.
  • Confidencialidad: Respetar la información obtenida durante el encargo, salvo que exista una obligación legal o profesional de divulgarla.
  • Comportamiento profesional: Cumplir con las leyes, regulaciones y estándares aplicables, evitando acciones que puedan dañar la reputación de la profesión.

Uno de los temas considerado en el código, con especial atención, ya que es el fundamento de la credibilidad del auditor. La independencia comprende tanto la independencia de mente (juicio imparcial basado en hechos) como la independencia en apariencia (percepción de imparcialidad por parte de terceros). Cualquier circunstancia que pueda generar un conflicto de interés, como relaciones personales o financieras con el cliente, debe ser identificada y gestionada. Si las amenazas no pueden reducirse a un nivel aceptable mediante salvaguardas, el auditor tiene la obligación ética de abstenerse de aceptar o continuar con el encargo, protegiendo así la integridad del proceso y la confianza de los stakeholders.

De manera adicional al Código de Ética ya citado, la Norma Internacional de Gestión de Calidad 1 (NIGC 1) también considera requisitos para que las firmas de auditoría implementen sistemas robustos de control y gestión de calidad y en ese sentido, exigen que las firmas diseñen políticas y procedimientos que promuevan la ética y la independencia, asegurando que los encargos se realicen con los más altos estándares. Estas disposiciones normativas (Código y NICG 1) no solo proporcionan un marco técnico, sino que también refuerzan el compromiso ético del auditor como un valor central de la profesión. Al cumplir con estas normas, el auditor contribuye al fortalecimiento de la auditoría y hace que sea percibida como confiable por los usuarios de la información financiera.

Importa mencionar que el cumplimiento ético no es una responsabilidad exclusiva de los socios o directivos de la firma; involucra a todos los niveles de la organización, desde los auditores junior hasta el presidente ejecutivo. Por ello, cada miembro del equipo debe internalizar y aplicar los principios éticos en su trabajo diario, para contribuir a fortalecer una cultura organizacional que priorice la calidad y la integridad. Las principales responsabilidades en la firma incluyen:

  • Rol de los socios de los encargos: Los socios responsables de los encargos deben garantizar que los servicios prestados cumplan con los estándares éticos y de calidad. Esto incluye proporcionar información clara y transparente sobre la naturaleza de los servicios, así como supervisar que los procedimientos aplicados sean consistentes con las normativas aplicables.
  • Alta dirección y consejo directivo: El presidente ejecutivo, el consejo directivo y el responsable del sistema de gestión de calidad tienen la responsabilidad de establecer políticas, procedimientos y registros que promuevan una cultura ética. Para el efecto, se deben diseñar sistemas de control interno que identifiquen y mitiguen amenazas a la independencia, así como fomentar un entorno donde el personal se sienta seguro para reportar preocupaciones éticas.
  • Confirmación de independencia: Cada auditor, independientemente de su nivel, debe confirmar periódicamente su compromiso con la independencia. Esto implica reportar cualquier circunstancia que pueda representar una amenaza, como relaciones personales o financieras con el cliente, y aplicar salvaguardas adecuadas, tales como la reasignación de tareas o la consulta con expertos internos.
  • Cultura organizacional: La firma debe promover una cultura donde la ética sea un valor compartido. Esto puede lograrse mediante programas de capacitación, códigos de conducta claros y mecanismos de supervisión que refuercen el compromiso con los principios éticos.

Si bien las presiones comerciales, tales como la competencia por clientes o la necesidad de ofrecer servicios adicionales, pueden generar conflictos de interés (además de la globalización de los negocios, la complejidad de las transacciones financieras y la diversidad de normativas locales e internacionales), lo que puede ser un desafío para el cumplimiento ético, también pueden verse como oportunidades de mejora. La adopción de tecnologías avanzadas, como sistemas de monitoreo automatizado, puede ayudar a las firmas a identificar amenazas a la independencia de manera más eficiente. Asimismo, la creciente demanda de transparencia por parte de los stakeholders ofrece a los auditores la oportunidad de diferenciarse mediante un compromiso ético sólido, fortaleciendo la reputación de la firma y su posición en el mercado. Las políticas y procedimientos, como las confirmaciones de independencia, la rotación de socios y la prohibición de obsequios, son herramientas esenciales para respaldar este compromiso.

En el mundo empresarial, donde la confianza pública es un activo invaluable, un auditor ético se posiciona como un pilar clave del gobierno corporativo y la sostenibilidad del sector de la auditoría. Al enfrentar los desafíos con un enfoque proactivo y aprovechar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y las expectativas de los stakeholders, el auditor protege la integridad de su trabajo y adicionalmente genera valor para la firma, los clientes y la sociedad en su conjunto. La ética, en última instancia, más que una obligación, es una valiosa oportunidad para que el auditor marque una diferencia significativa en el mercado.

[1] Ver: Manual del Código Internacional de Ética para Contadores Profesionales, Edición 2024


CP Iván Rodríguez - CIE AF

Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.

Bogotá DC, Colombia.
 

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