Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool.
Uno de los usos que tiene ahora la inteligencia artificial (IA) es el de la gestión de contratos. Ahora es posible ejecutar diferentes fases en un proceso de contratación tales como iniciar, redactar, negociar y celebrar contratos, con poca intervención de las personas. Si bien este uso presenta ciertas ventajas operativas, también subyacen consideraciones legales y éticas complejas.
Una de las principales ventajas está en la redacción de contratos asistida por IA, toda vez que es posible mejorar la eficiencia y la precisión mediante el uso de bases de datos y plantillas legales para acelerar la redacción, reducir el error humano y garantizar el cumplimiento legal[1]. De esta manera se liberan tiempo y recursos, lo que permite a los equipos legales centrarse más en aspectos estratégicos y situaciones complejas, lo que aumenta la productividad. Además, con el uso de la IA se puede mejorar la revisión de contratos al detectar errores e inconsistencias con mayor confiabilidad que los métodos de revisión tradicionales. No obstante, la supervisión humana sigue siendo fundamental. El profundo conocimiento de los profesionales del derecho y de los temas motivo del contrato es vital para abordar interpretaciones complejas y así poder garantizar que los contratos generados por IA reflejen las intenciones y los requisitos legales de las partes.
Mediante la IA es posible aplicar modificaciones específicas a las plantillas de contratos redactados por abogados, con el propósito de abordar los requisitos específicos de una transacción determinada. Así es posible aprovechar la estructura legal básica proporcionada por las plantillas, lo que facilita que las modificaciones sean eficientes y jurídicamente sólidas. No obstante, la principal consideración que debe tenerse en cuenta es la necesidad de mantener la integridad de la intención original del contrato, por lo que se requiere una revisión final por parte de profesionales legales que verifiquen las modificaciones de la IA. Este enfoque puede ofrecer un importante ahorro de tiempo y ser eficaz en los casos en que el contrato se adecue estrechamente con la estructura de la plantilla original.
En un uso más audaz, la IA también puede crear contratos que sean independientes de cualquier plantilla, lo que representa una mayor autonomía. Un sistema de IA bien alimentado por las amplias bases de datos legales, pueden elaborar contratos adaptados a transacciones o negociaciones específicas sin necesidad de redacción humana directa. En este caso hay un gran desafío importante puesto que se requiere garantizar que el contrato resultante sea completo y adecuado a la ley. En la práctica hay una mayor velocidad y un importante nivel de personalización que va más allá de la simple modificación de la plantilla. Sin embargo, no hay una garantía de obtener la precisión personalizada que un abogado o profesional podría ofrecer, especialmente en el caso de acuerdos complejos o novedosos.
En todo caso, la eficacia de generar rápidamente un primer borrador es innegable, aunque deba haber una revisión posterior exhaustiva para garantizar la alineación con los objetivos legales y empresariales.
Otras de las opciones al emplear la IA en el tema de contratación tienen que ver con los escenarios donde es crítico que la toma de decisiones sea ágil. Ejemplos son las operaciones de trading en los cuales los algoritmos de IA pueden tomar decisiones de compra y venta en fracciones de segundo con base en estadísticas y análisis de datos de mercado. De la misma manera, en la administración de una cadena de suministro, mediante la IA se pueden negociar y acordar contratos de adquisición de forma autónoma, ajustando los pedidos en tiempo real y así optimizar los niveles de inventario.
Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la autonomía de la IA en la contratación plantea importantes desafíos. Por ejemplo, desde el punto de vista legal, existen temas relativos al consentimiento, la capacidad y la autoridad, que pueden llegar a afectar a la aplicabilidad de los contratos celebrados por los sistemas de IA. Es necesario que haya claridad sobre si un sistema de IA puede vincular legalmente a una organización mediante un contrato. En los contratos tradicionales, el consentimiento se hace explicito mediante el acuerdo afirmativo de todas las partes, normalmente evidenciado por una firma. Con la IA, determinar el consentimiento es una labor compleja que podría requerir la evaluación de la manera en que se programó la IA y los deseos e intenciones de quienes la programaron.
Respecto de la capacidad, también puede haber un obstáculo legal. La validez de un contrato está en que las partes tengan la capacidad legal para celebrar el acuerdo (entre otros requisitos). Ahora bien, si bien las empresas y los individuos poseen claramente esta capacidad, esto no sucede en los sistemas de IA. No es evidente en todos los casos quien dio las autorizaciones pertinentes y con que límites para actuar. Una situación similar se presenta con ellos temas de responsabilidad y la transparencia. En el caso de disputas, conflictos o malentendidos, determinar la responsabilidad se constituye en un desafío.
Frente al anterior panorama, los auditores (y las organizaciones) requieren adoptar estrategias que les permitan mitigar los riesgos del uso de la IA en la gestión de contratos, que consideren aspectos técnicos, legales e incluso éticos. Algunas de ellas son:
| a. Privacidad y seguridad de los datos |
Es importante asegurarse de que los datos utilizados por las IA estén cifrados tanto en tránsito como en reposo para evitar accesos no autorizados. Deben tener acceso restringido y se deben realizar evaluaciones de ciberseguridad periódicas para identificar y corregir posibles vulnerabilidades.
| b. Transparencia y trazabilidad |
Hay que verificar que la IA deje un registro (o log) detallado de cada decisión que se adopta, de manera que se puedan revisar y auditar los pasos en cualquier momento. Así mismo, debe verificarse si los sistemas de IA implementados permiten comprender cómo se llegó a una decisión, especialmente en los casos de contratos legales con detalles clave.
| c. Sesgos y ética |
Debe determinarse si los algoritmos de IA pueden estar sesgados debido a los datos empleados para su entrenamiento y como consecuencia afecten negativamente las decisiones contractuales. En todo caso, debe haber supervisión humana en decisiones críticas para garantizar el cumplimiento normativo y decisiones éticas.
| d. Responsabilidad y gobernanza |
Debe haber una clara asignación de responsabilidad. Esto es, definir claramente quién es responsable de los errores que pueda cometer la IA en la gestión de contratos. (desarrollador, proveedor o la empresa que la implementa). Adicionalmente, deben establecerse políticas claras sobre cuándo y cómo se puede usar la IA en la gestión de contratos, asegurando que se respeten los límites legales y éticos.
A las anteriores estrategias, es importante adicionar un monitoreo continuo para revisar el desempeño de la IA y detectar anomalías o fallos en el sistema, así como realizar auditorías periódicas tanto de los procesos de IA como de los resultados de los contratos gestionados.
[1] Algunas ideas se han adaptado de: Mitigating the Risks of Using AI in Contract Management
Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.
Bogotá D.C., Colombia.

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