CP Felipe Alberto Pérez Hernández. Colaborador de Auditool
Siempre que ocurre un gran desastre empresarial o un fraude de alto perfil, la primera pregunta que surge es cómo pudo ocurrir habiendo tantos controles, un régimen legal y entidades regulatorias de inspección y vigilancia. La pregunta que sigue a continuación es quién es el responsable. En la primera línea de fuego están los auditores, se vuelcan las investigaciones en su contra e instintivamente se piensa en reformas a la auditoría. La historia de fraudes corporativos de alto perfil y las reformas de auditoría han ido de la mano, por citar un solo ejemplo, recordemos el nacimiento de la Ley Sarbanes- Oxley en 2002.
Las expectativas que las partes interesadas tienen del auditor son altas , ya que lo consideran un guardián que les garantiza la integridad, la equidad y la transparencia en la información financiera. Sin embargo, el papel del auditor en toda la cadena de valor en la información contable y financiera no se comprende apropiadamente. La cadena de valor comienza con quienes se dedican a las transacciones financieras, y continúa con los que preparan las cuentas y los estados financieros. A partir de entonces la cadena se mueve a través de la gerencia, auditores internos, comités de auditoría entre otros actores.
Irónicamente, cuando ocurre un fraude, la responsabilidad pasa directamente al auditor, quien realmente está al final de la cadena, y no a quienes tenían la responsabilidad de prevenir el fraude y detectarlo.
Los grandes casos de fraude apuntan a la insensibilidad, negligencia o la complicidad de la gerencia, incluidos el director ejecutivo y el principal ejecutivo financiero, en la preparación de cuentas, información financiera y diseño y operación de los sistemas de control interno. El auditor interno debe velar por la adecuación y eficacia del sistema de control interno y gestión de riesgos. Esto es algo en que los auditores han fallado. Cabría preguntarse por la responsabilidad de los auditores internos frente a los colapsos financieros y grandes fraudes que ocurren en nuestra región.
Falla el Comité de Auditoría que no supervisa la auditoría externa, el control interno, la auditoría y los informes financieros. Fallan las Juntas Directivas cuando no cumplen con la responsabilidad que les imponen los estatutos de sus empresas y las normas legales.
En contraste, el papel del auditor externo es realizar procedimientos de auditoría para expresar su opinión basado en una seguridad razonable de que los estados financieros esten libres de errores materiales, ya sean causados por error o fraude. Debido a la naturaleza de la auditoría, la evidencia recaudada y las características de los fraudes, el auditor externo no puede dar una seguridad absoluta. En el mejor de los casos, el auditor tiene la responsabilidad de detectar fraudes en determinadas circunstancias.
Hay otros que tienen la responsabilidad de la prevención y detección de fraudes: la Administración, el Auditor Interno, el Comité de Auditoría y la Junta Directiva. La ocasión hace al ladrón, dice un antiguo refrán, por lo que la oportunidad o incentivo para perpetrar un fraude está dada por una supervisión laxa, controles débiles, connivencia con una cultura del menor esfuerzo, presiones al interior de la misma compañía, o ceder a las expectativas cortoplacistas del mercado. Esto ha sido ampliamente demostrado en casos de fraude corporativo de alto perfil alrededor del mundo, incluyendo nuestra región.
Los fraudes corporativos sugieren fallas por parte de la Junta Directiva, los directores, los auditores (tanto internos como estatutarios) y la administración por igual.
El principio de responsabilidad compartida ayudaría a los reguladores y otras autoridades a determinar la causa raíz de un fraude y las partes responsables del mismo, determinar la responsabilidad proporcional y tomar las medidas preventivas y correctivas necesarias para evitar que se repita esa conducta. Las reglamentaciones no se han ocupado explícitamente de todos los eslabones de la cadena de valor de la información financiera, ni de la prevención y detección de fraudes, su responsabilidad en caso de incumplimiento, etc.
Las reglamentaciones y las autoridades deben ser más severas con quienes cometen los fraudes y demás delitos financieros y, en esa búsqueda de la causa raíz, investigar hasta las últimas consecuencias para poner a los responsables directos tras las rejas.
No obstante, volvemos al principio, los auditores siempre se han visto en el centro del escenario cuando se trata de determinar la responsabilidad por la ocurrencia de fraudes. Por lo tanto, no sorprende que las nuevas regulaciones no hayan evitado los fraudes debido a la ausencia de una visión holística.
Los auditores externos, al ser los guardianes, sin duda tienen que asumir una responsabilidad mayor y una rendición de cuentas proporcional. Sin embargo, el enfoque desproporcionado en el auditor ha resultado injustificadamente en la pérdida de confianza del público en la auditoría. Las reacciones instintivas solo han causado más daño que bien.
(1) Basado en https://economictimes.indiatimes.com/news/company/corporate-trends/preventing-corporate-frauds-focus-on-accountability-of-entire-value-chain-not-the-auditor-alone/articleshow/84849104.cms

CP Felipe Alberto Pérez Hernández. Colaborador de Auditool
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