CP Felipe Alberto Pérez Hernández. Colaborador de Auditool
CONSIDERACIONES EN TORNO AL AUDITOR Y SU RELACIÓN CON EL CLIENTE
En el desarrollo de las auditorías para las que somos contratados puede uno pensar en primera instancia, que basta con ajustarnos a las Normas de Auditoría Generalmente Aceptadas y que la relación profesional con el cliente viene por añadidura. Pero además de la calidad de nuestros trabajos y del prestigio que ganemos día a día, es fundamental construir y mantener una buena relación profesional con el cliente, no solo para conservar a un cliente determinado, sino para crecer como firma en el mercado.
Sin pretender escribir un Manual para el Desarrollo y Mejoramiento Continuo de las Relaciones Profesionales Cliente/Auditor que entre otras cosa no sé si exista, a continuación me voy a referir a algunos aspectos, importantes a mi juicio para considerar y tener en cuenta en la relación con el cliente y sobre todo para construir confianza. Porque al fin y al cabo la confianza es el eje principal de una buena relación profesional, confianza mutua cliente/auditor que se construye y se retroalimenta día a día y se alcanza a través del tiempo.
- Conocimiento del cliente
- Claridad en los contratos
- Flujo de comunicaciones y correspondencia
- Ética y conflictos de interés
1. Conocimiento del cliente
No hablo de conocer el negocio para evaluar los posibles riesgos, aspecto muy importante en el desarrollo de la auditoría, me refiero a saber quiénes son sus accionistas o propietarios, cuáles eran sus sueños y sus objetivos cuándo fundaron la compañía, a quién representa cada uno de los miembros de la Junta Directiva, cuál es el ambiente que se vive al interior de la compañía, si el cliente como organización tiene una marcada posición política o defiende institucionalmente una causa, el Tone from the top de la compañía. Por ejemplo si la organización es católica confesional no se debe hablar mal de las religiones o del papa, seguro que algo va de auditar a una asociación que defienda a toda costa la tenencia de armas, a hacerlo con una organización que promueva la defensa de los derechos humanos, pero la evaluación previa del cliente nos dirá si aceptamos o no seguir adelante.
2. Claridad en los contratos
La claridad y minuciosidad en los contratos de servicios que se firmen con el cliente también ayuda mucho en la relación. En la medida que su clausulado contenga todos los aspectos relevantes que le atañen, especialmente debe quedar muy claro el objetivo y alcance de nuestra auditoría, la extensión y oportunidad de las pruebas, el personal, los honorarios y gastos. Las dos partes auditor y auditado deben conocer bien el contrato y divulgar de arriba hacia abajo lo que sea pertinente con la suficiente antelación, de tal forma que al comenzar el trabajo tengan muy claro el trabajo a realizar.
En el contrato y sobre todo en la práctica, los socios, gerentes y demás personal de la firma asignado, deben mantener la independencia con respecto a los clientes quienes de igual manera deben saber y respetar la posición del equipo auditor en este sentido. Además no debemos olvidar que mantener la independencia es un factor coadyuvante en la actitud de escepticismo profesional que debe estar de forma permanente al planear, realizar y evaluar los resultados de nuestra auditoría.
3. Flujo de comunicaciones y correspondencia
La comunicación clara, el tono cordial y respetuoso que sea pertinente frente a las tareas asignadas, manejo de tiempo que no sobrecargue el trabajo de una de las partes para que no se empiece a sentir digamos cansancio en el trabajo. Desde la carta de compromiso hasta la entrega de nuestra opinión y otros resultados, debemos establecer con el cliente las pautas de comunicación, de solicitud de información, acordar los tiempos de respuesta.
Este consignado en una NIA o no, siempre será buena práctica tener una política de comunicación con el cliente en aras de comunicar oportunamente lo que sea pertinente en forma concisa, clara y precisa.
4. Ética y conflictos de interés
El comportamiento ético no debe ser impuesto por unas normas o unas pautas escritas, sino que debe corresponder a un principio de vida que no se negocia y que nos permite caminar con la cabeza en alto con la seguridad que nos da la solvencia moral. Esto nada tiene que ver con que no nos podamos equivocar ¡claro que nos equivocamos y erramos a diario! ¡somos humanos!.
Pero no podemos alegar nuestra condición humana para mirar para otra lado ante la probable comisión de un fraude y nuestra actitud escéptica y transparente nos impone la responsabilidad como profesionales, como auditores de denunciar actos irregulares o sospechosos por parte de un cliente sin importar que él pague nuestros honorarios.
De otro lado, se hace necesario referirnos a la Confidencialidad, que obliga al auditor a abstenerse de divulgar a terceros información obtenida como resultado de sus procedimientos y examen. Con carta de confidencialidad o sin ella, todo el equipo debe mantener la debida reserva sobre la información del cliente.
La firma misma, principiando por sus socios y gerentes, deben atender los conflictos de interés a que se vean expuestos en el ejercicio de cualquier auditoría y de su carrera profesional y manifestar públicamente las inhabilidades y consecuencias que puedan suscitarse frente a un posible conflicto de interés.
La importancia de cada uno de estos temas, consignados en normas y en estudios es muy grande y abarcaría una amplia literatura por escribir, y estar atento con su cumplimiento seguro mejora y ayuda a mantener la relación profesional con el cliente, dándole la fluidez necesaria dentro de un ambiente de respeto y cordialidad.

CP Felipe Alberto Pérez Hernández. Colaborador de Auditool
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