Por: Hervé GLOAGUEN
¿Qué ha pasado?
El caso SNC-Lavalin es un gran caso de corrupción corporativa en la historia de Canadá. Entre 2001 y 2011, el gigante de la ingeniería con sede en Montreal SNC-Lavalin (ahora Grupo AtkinsRéalis) pagó más de 48 millones de dólares en sobornos a funcionarios libios para asegurar contratos gubernamentales. El escándalo se intensificó en 2019 cuando la empresa enfrentó cargos penales de fraude y corrupción bajo la Ley de Corrupción de Funcionarios Públicos Extranjeros de Canadá.
El caso desencadenó una gran crisis política cuando se reveló que la Oficina del Primer Ministro (PMO) supuestamente presionó al exministro de Justicia Jody Wilson-Raybould para que ofreciera a SNC-Lavalin un acuerdo de procesamiento diferido (DPA), lo que permitió a la empresa evitar un juicio y una posible prohibición de contratos federales. La negativa de Wilson-Raybould y su posterior testimonio expusieron la interferencia política en el sistema judicial, lo que provocó indignación pública, dimisiones y un debate nacional sobre la ética en la gobernanza.
Algunas lecciones para profesionales del control:
• Los acuerdos de procesamiento diferido requieren directrices claras. El caso SNC-Lavalin puso de manifiesto los riesgos de la influencia política en las decisiones legales. Los profesionales del cumplimiento y del derecho deben garantizar que las DPA se apliquen de forma transparente, con supervisión independiente para prevenir conflictos de interés y mantener la confianza pública.
• La debida diligencia de terceros en jurisdicciones de alto riesgo es esencial. Los sobornos de SNC-Lavalin se pagaron en Libia, un mercado de alto riesgo. Los equipos de auditoría interna y riesgos deben aplicar una rigurosa diligencia debida a agentes, socios y funcionarios locales en regiones propensas a la corrupción, incluyendo un mayor control de pagos y contratos.
• Las protecciones para denunciantes y la cultura ética no son negociables. El escándalo subrayó la importancia del liderazgo ético y de las protecciones a los denunciantes. Las organizaciones deberían fomentar una cultura de speak-up, con canales confidenciales de denuncia y tolerancia cero ante represalias, para detectar y disuadir la mala conducta a tiempo.

Hervé Gloaguen - Colaborador de Auditool
Founder and CEO
Paracas - Advisors GmbH
https://www.paracasadvisors.com/
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