Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool
En el entorno empresarial contemporáneo, caracterizado por una creciente complejidad normativa y mayores riesgos de fraude, el papel del auditor ha evolucionado significativamente. Ya no se limita a la verificación técnica de cifras o al cumplimiento formal de normas, sino que se posiciona como un garante de la confianza, la transparencia y la integridad organizacional. En este contexto, la ética más que un complemento del ejercicio profesional se constituye en su fundamento esencial. Por ello, no tiene sentido implementar sólidos programas de cumplimiento si no existe un compromiso real con la ética dentro de la organización. Visto de otra manera: los sistemas fallan cuando las personas fallan en sus principios.
Los sistemas fallan cuando las personas fallan en sus principios. La ética no es solo formación, sino práctica constante.
Recordemos que la ética profesional del auditor se basa en principios como integridad, objetividad, independencia, competencia profesional y confidencialidad. Sin embargo, más allá de estos principios formales, la ética tiene una dimensión más profunda: la formación del carácter. La ética se construye desde las primeras etapas de la vida, pero se pone a prueba constantemente a través de decisiones individuales. En el caso del auditor, se evidencia así: No solo debe conocer las normas, sino actuar conforme a ellas incluso bajo presión, debe resistir el ofrecimiento de incentivos económicos o profesionales que comprometan su juicio y actuar como un referente moral dentro de la organización. De otra parte, para quien comete un fraude, no lo hace por desconocimiento ético, sino por decisiones conscientes de apartarse de un comportamiento apropiado. Esto refuerza la idea de que la ética no es solo formación, sino práctica constante.
El auditor debe ir más allá de los controles
Cuando un auditor se enfrenta al tema de fraude, procura establecer si está al frente de un error que puede ser involuntario y/o existe una debilidad en los controles o hay algo más estructural: los controles internos no son suficientes si no están acompañados de una cultura ética sólida. Es por ello que el auditor debe:
• evaluar no solo los controles, sino el ambiente ético (tone at the top),
• analizar comportamientos, incentivos y la cultura organizacional,
• identificar riesgos derivados de actitudes, no solo de procesos.
Ahora bien, las organizaciones cuentan (o deberían contar) con un conjunto de procedimientos, políticas y buenas prácticas para garantizar que actúa conforme a la ley, la ética y los estándares de su sector. Es lo que se denomina "compliance" o "cumplimiento normativo". Sin embargo, el cumplimiento efectivo no es únicamente normativo, sino cultural. Teniendo esto en cuenta, el auditor debe evaluar el sistema de cumplimiento, mediante la revisión de la eficacia de políticas y controles, así como la verificación de programas antifraude. En desarrollo de su actividad, además de la identificación de riesgos emergentes, debe recomendar mejoras en el gobierno corporativo cuando las circunstancias así lo aconsejen, así como promover la cultura ética, reforzando la importancia del comportamiento íntegro y generando conciencia sobre las consecuencias del fraude.
Las organizaciones cuentan con diversas herramientas para fortalecer la ética y el cumplimiento, que el auditor debe evaluar y promover:
🎓 Capacitación (en ética y fraude)
Las organizaciones deben formar continuamente a su personal para:
• Sensibilizar sobre riesgos de fraude
• Fortalecer la toma de decisiones éticas
• Asegurar el cumplimiento de políticas
Estas capacitaciones empoderan los controles antifraude y refuerzan la cultura organizacional.
📋 Código de conducta
El código de conducta es un documento que:
• Define lo correcto e incorrecto
• Establece principios y valores organizacionales
• Orienta la conducta frente a situaciones complejas
Para el auditor, este documento es una referencia clave para evaluar coherencia entre discurso y práctica.
🔔 Sistema de denuncias (whistleblowing)
Un sistema efectivo debe basarse en:
• Confianza
• Protección al denunciante
• Imparcialidad
Estas herramientas han evolucionado con la tecnología, lo que facilita su implementación y uso, han incorporado canales digitales para su difusión, evaluación y seguimiento, tales como correos electrónicos y plataformas web, lo que permite que sean oportunas y flexibles en beneficio de la organización. Para el auditor, estas herramientas se constituyen en una fuente crítica de información para detectar irregularidades.
Retos y responsabilidad ética del auditor
De otra parte, debe recordarse que el buen gobierno corporativo (normas y estructura) es el marco donde convergen auditoría, ética y cumplimiento, puesto que desde allí se irradia la buena fe, diligencia, lealtad y compromiso con el que deben actuar los miembros de la organización. Esto implica que la ética no es responsabilidad exclusiva del auditor, sino de todos. Sin embargo, el auditor tiene un rol especial, puesto que debe ser independiente y en virtud de su labor puede identificar fallas sistémicas además de tener acceso a información sensible y por tanto, su responsabilidad ética es aún mayor. A ello se suma que debe enfrentar múltiples retos tales como:
• presión por resultados y tiempos,
• conflictos de interés,
• entender la complejidad normativa y
• hacer buen uso de la tecnología frente al fraude.
En este entorno, la ética se convierte en su principal herramienta de protección.
⚖️
Ética
📋
Cumplimiento
🔍
Auditoría
La ética, el cumplimiento y la auditoría forman un triángulo inseparable en la prevención del fraude y la generación de confianza. En última instancia los controles pueden fallar, las normas pueden evadirse y la tecnología puede ser vulnerada, pero una cultura ética fuerte reduce significativamente la probabilidad de fraude. En ese sentido, el auditor, como garante de esa cultura, no solo debe verificar el cumplimiento, sino encarnar los valores que lo hacen posible. Debe tener en cuenta que el fraude evoluciona constantemente, volviéndose más creativo y sofisticado, lo que exige que se adopte un enfoque dinámico, preventivo y basado en juicio profesional. No hay que olvidar que más allá de las normas y controles, la verdadera barrera contra el fraude sigue siendo la decisión individual de hacer lo correcto.
Un auditor técnicamente competente pero sin ética representa un riesgo mayor que un sistema sin controles.
CP Iván Rodríguez - CIE AF
Colaborador de Auditool
Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.
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