Por: CP Iván Rodríguez. Colaborador de Auditool. 

Hay un tema que infortunadamente sigue vigente y que representa una amenaza significativa para las organizaciones, con impactos que van desde pérdidas financieras hasta daños reputacionales irreparables y es el fraude. Diversas organizaciones académicas y profesionales se han ocupado del tema. Por ejemplo, el Instituto de Auditores Internos (The Institute of Internal Auditors – IIA) publicó hace algunos meses un documento denominado “Auditoría Interna y Fraude: Evaluación de la Gobernanza y Gestión del Riesgo de Fraude a Nivel Organizacional[1] - Internal Auditing and Fraud: Assessing Fraud Risk Governance and Management at the Organizational Level” en el cual ofrece una guía integral para que los auditores internos evalúen y fortalezcan la gestión del riesgo de fraude a nivel organizacional. Basado en las Normas Globales de Auditoría Interna y el modelo COSO de gestión del riesgo de fraude, este documento establece un marco estructurado para comprender, evaluar y mitigar el fraude, promoviendo una gobernanza sólida y una cultura ética.

Importa recordar que el fraude, se ha definido como un acto intencional de engaño, falsificación o abuso de confianza para obtener beneficios ilegítimos y es un riesgo que afecta a organizaciones de todos los tamaños y sectores, por lo que es conveniente contar con un enfoque preventivo que aborde tanto las vulnerabilidades internas como los factores externos que pueden facilitarlo. En ese sentido, el propósito principal de la Guía del IIA es empoderar a los auditores internos para que desempeñen un rol activo en la gestión del riesgo de fraude. Sus objetivos incluyen:

  • Concientización: Aumentar la comprensión del fraude y sus implicaciones en la organización.
  • Evaluación: Proporcionar herramientas para evaluar la gobernanza y los procesos de gestión del riesgo de fraude.
  • Alineación con estándares: Integrar las Normas Globales de Auditoría Interna (IPPF) y el marco COSO para garantizar un enfoque sistemático.
  • Clarificación de roles: Utilizar el modelo de las Tres Líneas para definir responsabilidades claras en la gestión del fraude.

El documento destaca el uso del marco COSO para la gestión del riesgo de fraude, basado en cinco componentes esenciales:

  • Ambiente de control: Establece una cultura ética mediante códigos de conducta, políticas claras y un tono desde la alta dirección que priorice la integridad.
  • Evaluación del riesgo: Identifica y analiza posibles esquemas de fraude, considerando factores como reestructuraciones, incentivos de compensación o condiciones económicas.
  • Actividades de control: Implementa medidas preventivas (como autorizaciones dobles) y detectivas (como auditorías sorpresa) para mitigar riesgos.
  • Información y comunicación: Garantiza canales efectivos, como líneas de denuncia, para reportar sospechas de fraude y tomar acciones correctivas.
  • Monitoreo: Realiza evaluaciones continuas para ajustar los controles y garantizar su efectividad frente a riesgos emergentes.

Este marco proporciona una estructura integral que las organizaciones pueden adaptar a su contexto específico, asegurando un enfoque proactivo y sistemático.

Por su parte, el citado modelo de las Tres Líneas del IIA  es un pilar central para estructurar la gestión del riesgo de fraude y puede resumirse así:

Primera línea (Gestión operativa): Responsable de implementar y monitorear controles antifraude en las operaciones diarias. Por ejemplo, los departamentos financieros o de recursos humanos aplican controles preventivos, como segregación de funciones.

Segunda línea (Funciones especializadas): Incluye áreas como cumplimiento (compliance), gestión de riesgos o departamentos legales, que lideran el diseño y supervisión de programas antifraude.

Tercera línea (Auditoría interna): Proporciona aseguramiento independiente, evaluando la efectividad de los controles y la gobernanza del riesgo de fraude sin asumir responsabilidades operativas que comprometan su objetividad.

El Consejo de Administración juega un rol crucial al definir el apetito al riesgo de fraude y supervisar la efectividad de los controles, asegurando que la organización mantenga una postura ética y alineada con sus objetivos estratégicos.

Ahora bien, la auditoría interna desempeña un papel fundamental en la gestión del riesgo de fraude, al actuar como la tercera línea de defensa. Sus responsabilidades incluyen:

  • Evaluación de la gobernanza: Analizar si el Consejo de Administración y la alta dirección han establecido un marco sólido para gestionar el riesgo de fraude.
  • Aseguramiento independiente: Verificar la efectividad de los controles antifraude, desde políticas hasta procesos operativos.
  • Asesoramiento: Proporcionar recomendaciones para mejorar la gestión del riesgo sin comprometer su independencia.
  • Uso de herramientas avanzadas: Aplicar técnicas como análisis de datos, minería de datos y auditoría continua para detectar patrones o anomalías que indiquen posibles fraudes.

Ahora bien, el riesgo de fraude debe evaluarse mediante un proceso estructurado que incluya: Identificación de riesgos, utilizando encuestas, entrevistas y análisis de datos para detectar posibles esquemas de fraude, tales como facturación falsa o manipulación de estados financieros. Priorizar los riesgos según su impacto y probabilidad y revisar los controles existentes con el propósito de determinar si son suficientes para mitigar los riesgos identificados y de esta manera evaluar si los riesgos no cubiertos por los controles representan una amenaza significativa. Es responsabilidad del Director Ejecutivo de Auditoría (Chief Audit Executive - CAE) comunicar los resultados de la auditoría a la alta dirección y al Consejo de Administración. En particular, informar sobre vulnerabilidades críticas que puedan exponer a la organización a fraudes, así como reportar el estado de casos de fraude detectados y las acciones tomadas.

Menciona la guía que la gestión del riesgo de fraude enfrenta varios desafíos, tales como la resistencia organizacional a implementar controles estrictos, la falta de recursos para auditorías avanzadas o la dificultad de detectar fraudes sofisticados. Sin embargo, estos retos también representan oportunidades para fortalecer la gobernanza. Por ejemplo, el uso de tecnologías como la inteligencia artificial y el análisis predictivo puede mejorar la capacidad de los auditores para identificar riesgos emergentes.

Se aprecia entonces que, una gestión efectiva del riesgo de fraude además de proteger los activos y la reputación de la organización también fortalece la confianza de los stakeholders. Al adoptar las prácticas recomendadas en la guía, las organizaciones pueden transformar el desafío del fraude en una oportunidad para mejorar su gobernanza y construir una base sólida para el éxito sostenible. 

[1] Ver:  Global Practice Guide: Internal Auditing and Fraud, 3rd Edition


CP Iván Rodríguez - CIE AF

Auditor y consultor, diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, diplomado en Gerencia de la Calidad. Contador público (CP) de la Pontificia Universidad Javeriana con 20 años de experiencia en diversas empresas. Tiene amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool.

Bogotá DC, Colombia.

  

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