Las organizaciones son seres vivos. Estas tienen personalidad, formas de resolver las cosas, una forma de trabajo, se basan en valores, creencias y comportamientos.
Hay un principio que dice: para cambiar el comportamiento de una organización, hay que cambiar la forma en que mides el desempeño de esta.
Este principio es clave cuando se tiene una organización que no presta atención a los requerimientos y que no apoya a la gerencia en la consecución de objetivos.
La medición puede ser sencilla, no se trata de un sistema de medición muy sofisticado o complejo. La complejidad lo que hace es hacer más lento el proceso y hasta inoperante.
La medición del desempeño es lo que hace la diferencia. Peter Drucker decia, que “lo que no se mide no se puede cambiar”. Siempre se tiene un punto de partida y uno de llegada, dentro del ámbito de los negocios.
Cuando efectuamos una medición estamos dando un mensaje claro a los colaboradores, estamos indicando que hay que rendir cuentas y tomar decisiones. Esta dinámica es crucial para el crecimiento de una empresa. Activa al personal, les da una razón para esforzarse, dinamiza la gestión y hace que la gente esté más orientada al logro.
¿Por dónde empezar? Teniendo claro el norte del negocio, cuales son las prioridades y los grandes objetivos y metas a alcanzar. Hacer que estas metas sean compartidas con los colaboradores y establecer un modelo de medición que sea sencillo y entendible para todos.
Por: Otto Stecher
Fuente: revistamyt.com
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