Un tópico de discusión constante en los foros sobre Auditoría Interna en la actualidad, es el de la manera en la que el auditor debe gestionar su profesión y desarrollar su conocimiento, de tal manera que sepa sobrevivir a las exigencias del entorno profesional. Se suele hablar de tips para actualizar la formación profesional y poder ir más allá como Auditor Interno. No está de más recordar y recoger algunos de los consejos que los expertos quieren enseñar para que la Auditoría se fortalezca como profesión y como oficio.

Otro factor que debe tenerse en cuenta dentro de esta discusión, se encuentra en que muchas veces el Auditor Interno empieza con una desventaja a la hora de querer ejercer su oficio. La razón de esto es que existe mucho desprestigio y desconocimiento de la labor de la Auditoría en una empresa. La profesión sigue luchando con viejos fantasmas que la quieren estigmatizar como una labor que se ejerce cuando una empresa está haciendo algo mal y que por ello recibe un castigo. La realidad es todo lo contrario, la auditoría es un ejercicio de control necesario para el crecimiento empresarial. Por esta razón, muchas veces va a depender de la profesionalidad e incluso el carisma del Auditor, que se lleve a cabo una labor de auditoría amigable y de cooperación. En el estudio “State of the Internal Audit Profession Study”[1] de la forma de consultoría PwC para el 2017, determinó que cuando el Auditor Interno emplea técnicas efectivas ante situaciones de riesgo empresariales, más del 80% de los administradores y personal de la empresa, manifiestan su alta satisfacción con la labor de la auditoría y confían en mayor medida en ella. De acuerdo con DeRoche (2017), esta confiabilidad está impulsada por dos acciones que se desarrollan como parte de la labor del auditor: una buena ejecución de una primera etapa de diagnóstico de los riesgos empresariales, minuciosa y detallada que no deje por fuera ninguna arista del funcionamiento de la empresa y segundo, un buen plan de acción que permita mitigar los riesgos encontrados y que genere un crecimiento de la empresa.

También, para DeRoche (2017), una de las características de los Auditores Internos debe ser la agilidad. Esta agilidad implica una buena ejecución de las dos tareas mencionadas anteriormente, así como un uso inteligente de métodos y tecnologías que agilicen y optimicen su labor. También debe ser propositivo y tener un alto compromiso con el objetivo de mejorar la situación de la empresa, además de participar activamente durante todo el proceso de auditoría. La auditoría es un proceso que debe ser ejecutado de manera constante e integrada, ya que durante la ejecución de la misma se pueden encontrar situaciones de error e imprevistos, por lo tanto, hay que mantener un nivel de alerta y experticia.

DeRoche (2017) además plantea que el diseño del plan de auditoría debe establecer tiempos claros y metas alcanzables y no someter a una situación de estrés que termine por entorpecer la labor continua de la empresa. Es decir, la auditoría no se ejecuta en un tiempo de reposo para la empresa, pues esto no tendría sentido y afectaría aún más el funcionamiento de la misma. De la misma manera, también se deberían tomar primero las áreas que más riesgo representan; es decir, aquellas áreas que son más problemáticas y que igualmente pueden generar las consecuencias más graves, tales áreas como el manejo legal de la empresa y el manejo financiero de la misma. Evidentemente, la agilidad del auditor va a ser clave a la hora de planificar y ejecutar este plan.

Agregando a esto, el Auditor Interno debe estar actualizado para asumir los nuevos riesgos o las nuevas modalidades de los mismos. Uno de ellos y el que mayores discusiones está despertando dentro de la Auditoría, es el de la ciberseguridad. De tal manera que para ejecutar acciones eficientes que combatan este riesgo, se debe tener el conocimiento suficiente sobre el problema mismo. Este es un punto que se debe considerar con mayor detenimiento porque los conocimientos en esta área muchas veces requieren una especialización mayor que vaya más allá de la intuición o de los métodos tradicionales. Esto porque los ataques a la seguridad cibernética han ido mutando y han encontrado nuevas formas de infectar y afectar la empresa.

Es así como el Auditor Interno también debe dedicarle tiempo a su crecimiento profesional, el aprendizaje va de la mano de la experiencia, y el tener un trabajo estable no debe desligar la necesidad de seguir aprendiendo, es más, deberían ser actividades complementarias. También de esta manera hay que entender que los planes de auditoría deben estar actualizados con metodologías más modernas y eficaces. De tal manera que la Auditoría Interna no es un campo que esté completamente explorado y cuya teoría esté establecida, sino como un campo que cada día se ha venido enfrentando a nuevas situaciones de riesgo que le exigen al profesional mayores capacidades.

Afín al pensamiento de DeRoche (2017), Denning (2017), colaborador de la revista Forbes, también plantea una reflexión en torno a la agilidad como una característica clave en la ejecución de la auditoría. Denning (2017) agrega que la Auditoría Interna no es una profesión que evoque una característica de agilidad, por el contrario, muchas veces suele considerarse como un ejercicio autómata, burócrata e incluso molesto ya que se está constantemente buscando errores para ser señalados y condenados.

Para reafirmar esta situación, Denning muestra que los administradores han tenido una aceptación de la agilidad del auditor en un porcentaje de 54% para el 2016, mientras que para el 2017, este porcentaje ha caído al 44% siendo el porcentaje más bajo en los últimos 5 años. Por lo tanto, se puede concluir que no hay una evidencia de que el auditor se esté esforzando por demostrar su agilidad en el ejercicio de auditoría. Aunque se creería que en una sociedad cada vez más desafiante los Auditores Internos en el ejercicio de su profesión podrían demostrar sus capacidades como mediadores en el funcionamiento de la empresa y los riesgos a los que se puede enfrentar, la realidad es otra y es una cuestión que se debe atender con prontitud, si la profesión no quiere perder el prestigio que merece.

Para Denning (2017), la desconfianza en la labor del auditor y su pérdida de confianza también esté mediada por esta misma razón que debería impulsarla: el movimiento acelerado y cambiante del mercado. Se dice entonces que cuando una labor de auditoría termina, sus resultados pueden resultar obsoletos o crearse nuevas necesidades y por lo tanto se estaría tratando de solucionar problemas que ya no representan el mismo riesgo que otros nuevos. Es decir, que la auditoría interna casi que pasaría a ser desechable para muchas empresas que están en constante movimiento.

Sin embargo, el panorama no debe ser abordado con pesimismo, más bien, Denning (2017) presenta siete claves para que el Auditor Interno tome en cuenta para volverse más ágil en su labor:

  • La primera de ellas es saber anticiparse a los hechos, es decir, el Auditor debe tener la capacidad de prever consecuencias negativas a los riesgos que diagnostique para la empresa, esa anticipación debe ser lo suficientemente ventajosa para permitirle actuar ante las mismas.
  • Lo segundo es estar preparado y tener la capacidad de adaptarse ante cualquier situación problemática, es decir, preparase ante cualquier tipo de problema y tener la capacidad de atacarlo con eficiencia.
  • Tercero, el Auditor Interno también debe establecer las áreas que representan más altos riesgos y por lo tanto deben mantener vigiladas o controladas, de manera que no se generen consecuencias futuras.
  • Cuarto, el auditor debe aconsejar de la mejor manera a los administradores ante la actitud que se deben asumir ante los riesgos, es decir, saber tomar decisiones frente a los mismos, ya que hay riesgos que vale la pena tomar y otros que no.
  • Quinto, el auditor debe ser flexible, es decir abordar varias perspectivas y metodologías para encontrar la mejor solución ante cualquier problemática que se le presente. Esta situación se va a ver enriquecida en la medida en que el auditor siga adquiriendo conocimientos sobre su profesión.
  • Sexto, el plan de auditoría debe ser flexible, es decir, poder modificarse si se presenta el caso de un imprevisto. La razón de esto es que al poder hacer modificaciones sin tener que diseñar un nuevo plan de auditoría permite un ahorro de tiempo que es valioso, de dinero y de esfuerzo para el auditor y para la empresa.
  • Séptimo, el auditor debe tener la capacidad de colaborar con otros profesionales en el campo: administradores, tecnólogos, contadores, etc., no solo para contar con su participación dentro del proceso de auditoría, sino además para enriquecer su propio conocimiento. Por ejemplo, ante una situación de riesgo hacia la ciberseguridad, el auditor debe asesorarse y apoyarse en los tecnólogos que conocen de manera más profunda el funcionamiento de la empresa.

Finalmente, toda esta información presentada se suma a la discusión en torno a la manera en la que el Auditor Interno debe mantener vigente y enriquecer la labor de auditoría. Esto es de nuevo un llamado a fortalecer la profesión a través de la agilidad y la innovación, así como muchas otras características que no solo se deben sumar al perfil profesional, sino como desempeño individual en cualquier actividad que implique una responsabilidad de mejoramiento continuo. Evidentemente se trata de una actitud de mayor compromiso y responsabilidad que honre los principios de la profesión.

Bibliografía

DeRoche, T.  (2017).  Agile Auditing: Rethinking the Audit Plan. En línea, disponible en: http://www.teammatesolutions.com/agile-auditing-rethinking-the-audit-plan.aspx

Denning, S. (2017). Can Internal Auditing Become Agile? Seven Keys To Thinking The Unthinkable. En línea, disponible en: https://www.forbes.com/sites/stevedenning/2017/03/21/can-internal-auditing-become-agile-seven-keys-to-thinking-the-unthinkable/#78bef9702e08

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