Por: Equipo Auditool

En el cambiante paisaje de la auditoría corporativa, el éxito no se mide solamente por la capacidad para descifrar complejas estructuras numéricas. Es importante, también, entender las dinámicas humanas y organizacionales que pueden favorecer el fraude. Para lo cual, el Triángulo del Fraude, ideado por el criminólogo Donald R. Cressey, provee una herramienta invaluable en este sentido, permitiendo a los auditores prever áreas de riesgo en una organización y dirigir su trabajo de manera más eficiente. Veamos sus elementos:

  • La Presión: entendiendo el dilema del defraudador

La presión, uno de los vértices del Triángulo del Fraude, no es simplemente una condición económica, sino también un estado emocional y psicológico. Los auditores deben emplear un enfoque empático, intentando entender los factores de estrés a los que se enfrenta el potencial defraudador. Los cambios económicos, la presión por alcanzar metas de rendimiento y otros desafíos personales pueden engendrar un ambiente propicio para la actividad fraudulenta. Al captar estas señales, los auditores pueden desarrollar un perfil de riesgo y formular recomendaciones para mitigar la presión innecesaria.

  • Oportunidad: los resquicios en el sistema de control interno

La oportunidad se crea cuando existen debilidades en los controles internos de una organización. Pero, más allá de una simple revisión de procesos, los auditores deben adoptar una perspectiva sistémica, analizando cómo interactúan las partes individuales del sistema de control para crear o prevenir oportunidades de fraude. Los auditores deben evaluar no solo la eficacia de los controles internos, sino también su resiliencia en situaciones de estrés o cambio.

  • Racionalización: un vistazo a la mentalidad del defraudador

La racionalización es un proceso cognitivo complejo que permite al defraudador justificar sus acciones. Para detectar signos de racionalización, los auditores deben adoptar un enfoque psicológico y cultural. Esto puede incluir la evaluación de la cultura corporativa y su tolerancia a las transgresiones éticas, así como una investigación más profunda de la comunicación informal y los patrones de comportamiento que podrían indicar una racionalización del fraude.

Ahora, algunas estrategias para poner en práctica:

Aplicando el Triángulo del Fraude a una auditoría predictiva

Al emplear el Triángulo del Fraude como parte de una estrategia de auditoría predictiva, los auditores pueden identificar áreas potencialmente vulnerables al fraude antes de que este se manifieste. Dicho enfoque proactivo permite a los auditores centrarse en las áreas de mayor riesgo, optimizando el uso de los recursos de auditoría.

Asimismo, el Triángulo del Fraude puede ser usado para mejorar los sistemas de control interno y la cultura corporativa. Al entender cómo se originan y se justifican las conductas fraudulentas, los auditores pueden proporcionar recomendaciones valiosas para fortalecer los controles internos y promover una cultura corporativa ética.

El rol del auditor en la mitigación de la presión

Por otro lado, los auditores pueden desempeñar un papel clave en la identificación de la presión indebida que se aplica a los empleados. Esto puede implicar analizar las políticas de compensación, la cultura de la organización, las prácticas de gestión y otros factores que pueden contribuir a la presión. Una vez identificadas, estas presiones pueden ser abordadas por la dirección para crear un entorno de trabajo más sano y menos propenso al fraude.

Fortaleciendo los controles internos para minimizar las oportunidades

Los auditores pueden identificar las oportunidades de fraude al evaluar la solidez de los controles internos de la organización. Esto no se limita a identificar las debilidades actuales, sino que también implica prever cómo pueden surgir nuevas oportunidades de fraude en respuesta a los cambios en la organización o en el entorno empresarial. Al ofrecer asesoramiento sobre cómo fortalecer los controles internos y hacerlos más resilientes, los auditores pueden ayudar a la organización a protegerse contra el fraude futuro.

Abordando la racionalización a través de la cultura corporativa

La racionalización puede ser la más difícil de detectar, ya que se produce en la mente del defraudador. Sin embargo, los auditores pueden buscar indicios de racionalización en la cultura corporativa y en los comportamientos de los empleados. Una organización que promueve la integridad y la ética puede disuadir a los empleados de justificar comportamientos fraudulentos. Los auditores pueden trabajar con la organización para promover una cultura corporativa que desaliente la racionalización del fraude.

En definitiva, el Triángulo del Fraude proporciona un marco invaluable para los auditores en la era moderna, permitiéndoles explorar la psicología y la dinámica organizacional que subyacen al fraude. Al ir más allá de los números y adentrarse en las personas y los procesos, los auditores pueden prever el fraude y ayudar a las organizaciones a fortalecer su resiliencia contra esta amenaza. Al fin y al cabo, una auditoría efectiva no se trata solo de inspeccionar los números, sino de comprender y mejorar la totalidad de la organización.

 

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