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ISSN IMPRESO: 2665-1696 - ISSN ONLINE: 2665-3508

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Los escándalos corporativos altamente publicitados (Enron, WorldCom, Tyco), el incremento en los requerimientos legales (Sarbanes-Oxley, Act. 2002),  la creación de órganos de vigilancia para las firmas de auditoría (PCAOB), el incremento en la responsabilidad de los auditores en la revisión de controles internos y la detección de riesgos materiales (SAS 99), han sido los factores principales para detonar, de manera muy importante, la creciente necesidad de un área de especialización en los temas de fraude y contabilidad forense, para los profesionales en Contaduría.

En principio, es importante entender que el fraude se refiere a actos intencionales perpetrados por seres humanos utilizando el engaño. Los expertos de la ciencia del comportamiento han fallado en identificar una serie de características bien definidas, para diagnosticar la propensión a cometer fraude, por parte de una persona; sin embargo, se ha desarrollado un marco conceptual para entender los elementos que lo componen, el cual se ha denominado: diamante del fraude (ver figura 1), dado que se compone de cuatro conceptos:

Presión. Es el factor más difícil de controlar por parte de la empresa, ya que se refiere a una necesidad económica personal o familiar.

Racionalización. El defraudador tiene que encontrar una justificación psicológica para sus actos.

Oportunidad. Es el factor sobre el cual la empresa puede tener un mayor grado de injerencia, pues si el individuo percibe que existen altas probabilidades de ser descubierto, la posibilidad de cometerlo disminuye de manera considerable.

Capacidad. El defraudador puede sentir presión, racionalizar la situación y tener la oportunidad, pero si no tiene capacidad para hacerlo, no podrá llevarlo a cabo.

Siendo la oportunidad el aspecto de mayor control por parte de la empresa, resulta imperativo que las mismas fortalezcan sus sistemas de prevención de fraudes, estableciendo procedimientos más severos de detección e investigación y enviando señales claras a todos los miembros de la organización acerca de las consecuencias de su incumplimiento.

Debido a lo anterior, existe la necesidad de contar con profesionistas recién egresados con una mayor conciencia acerca del tema de fraudes y, por lo tanto, de una mayor educación formal en aspectos relacionados con la contabilidad forense, ya que en la mayoría de los casos en los que se comete un fraude, las investigaciones exitosas dependen de los conocimientos y las habilidades del equipo de trabajo que las realiza.

En diciembre de 2003, la división de Contaduría de la Universidad de Virginia del Oeste inició un proyecto para desarrollar guías educativas para los profesores, entrenadores y estudiantes interesados en los temas de fraudes y contabilidad forense. Para el desarrollo de este proyecto se formó un grupo técnico de trabajo integrado por investigadores, practicantes y educadores, este grupo de expertos identificó las siguientes tres áreas como fundamentales, para su inclusión en los planes de estudio de la carrera de Contaduría:

Criminología. Específicamente orientada a la naturaleza, dinámica y ámbito del fraude y crímenes financieros; ambiente legal y aspectos éticos.

Prevención y detección de fraudes. Manipulación de activos, corrupción y presentación inapropiada de información; fraude en la elaboración de estados financieros y contabilidad forense, en un ambiente digital.

Servicios de asesoría legal y forense. Investigación y análisis, así como valuación de pérdidas y resolución de conflictos.

Aunado a lo anterior, este grupo estableció la necesidad de interrelacionar las materias de auditoría, contabilidad forense y fraudes (ver figura 2), ya que comparten temas que no pueden verse de manera aislada. Los procedimientos tradicionales de auditoría cubren el aspecto de fraudes, de acuerdo con lo señalado en el boletín SAS 99, pero los auditores no tienen la  responsabilidad de planear y llevar a cabo procedimientos específicos para detectar desviaciones que no se juzguen como materiales, ya sea que éstas sucedan por errores o fraudes. La administración de las empresas es la que tiene la responsabilidad de diseñar e implementar controles internos para prevenir fraudes, área en la que existen especialistas en la materia. Por último, la contabilidad forense se enfoca en los daños, reclamaciones, valuaciones y aspectos legales relacionados con el tema de fraudes.

 En la actualidad, la Universidad de Virginia del Oeste ofrece un programa de maestría para obtener un certificado en fraude y contabilidad forense, el cual ha resultado ser muy exitoso.

Por lo antes expuesto, las empresas deben tomar conciencia y reconocer el valor de contar con sistemas de prevención y detección de fraudes, mientras que las universidades deben responder ofreciendo una mejor preparación a sus alumnos al respecto.

C.P.C. y M.A. Sylvia Meljem Enríquez de Rivera

Directora del Departamento Académico de

Contabilidad del ITAM

Fuente: Revista Contaduría Pública www.contaduriapublica.org.mx del Instituto Mexicano de Contadores Públicos www.imcp.org.mx

 


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