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Hay tres preguntas que son clave para entender el fenómeno de la corrupción en el mundo de los negocios. La posibilidad de construir e impulsar planes y programas anticorrupción efectivos depende, en buena medida, del entendimiento que se tenga de estas interrogantes. Las preguntas son: ¿En qué situaciones ocurre la corrupción? ¿Cómo ocurre realmente la corrupción?; y ¿quién suele estar involucrado en los actos de corrupción?

A continuación daré respuesta a estas desde la perspectiva de la auditoría forense, es decir, de quien ha investigado y analizado múltiples casos de pago de sobornos, tanto en negocios locales como en operaciones transnacionales.

¿En qué situaciones ocurre la corrupción?

Uno de los principales asuntos a entender de la corrupción es por qué, en un momento dado, una compañía decide comprometerse en un acto corrupto. La experiencia y la evidencia empírica existente nos indican que, en general, las organizaciones tienen incentivos grandes de corromper en cinco tipos de escenario:

Para comprar alguna ley o norma que puede afectar su negocio o industria a la que pertenece. Típicamente esto se observa cuando una empresa conoce que está por emitirse o se está discutiendo una regulación que puede limitar o controlar su participación en determinada industria. Entonces decide “comprar” la norma para que el legislador o el regulador no afecten sus intereses.

Para obtener o retener un contrato. En general, los escándalos de corrupción ocurren en torno a los procesos de compras y licitaciones. Acceder a contratos o ser favorecidos con concesiones suele tener un fuerte incentivo para que las compañías –y sus directivos– decidan asegurar el contrato mediante pagos ilegales.

Para evadir una multa o sanción. Las empresas que enfrentan algún tipo de multa económica, ya sea por una violación regulatoria o por un incumplimiento normativo, suelen tener incentivos para, mediante el soborno, comprar la no sanción del ente regulador.

Para obtener licencias o permisos necesarios para la operación de sus negocios. En muchos casos, se ha visto que la obtención de una licencia o permiso implica para las compañías acelerar sus procesos productivos, por ejemplo, para abrir una nueva tienda, para ampliar la fábrica que se tiene o conseguir los permisos de importación o exportación que se requieren. En todos estos escenarios, las empresas pueden percibir que corrompiendo obtienen una ventaja competitiva.

Para acceder a beneficios o incentivos económicos. Por ejemplo, por medio de créditos blandos o préstamos a fondo perdido, que pueden implicar para las empresas ganancias relativamente rápidas y poco cuestionadas. Este tipo de escenario se observa, sobre todo, entre pequeñas y medianas empresas que, por medio de pagos ilegales, aseguran su incorporación a este tipo de programas.

¿Cómo ocurre realmente la corrupción?

Varios estudios han analizado las causas y consecuencias del acto corrupto. Algunos autores incluso han analizado, desde el punto de vista organizacional, cómo la corrupción se puede convertir en un proceso aceptado y justificado por industrias y sectores completos. Pero persiste una importante cuestión sin ser analizada cabalmente: ¿cómo sucede la corrupción en la práctica? La experiencia nos indica que el acto corrupto suele presentarse de cinco maneras distintas, aunque muchas veces de manera combinada:

Transferencias bancarias a paraísos fiscales. Usualmente este tipo de corrupción está asociada a cuantiosos pagos de dinero y que suelen verse inmersos en esquemas más o menos sofisticados de lavado de dinero. Son, cuando se detectan, los asuntos relacionados con la llamada “gran corrupción”: la corrupción de las grandes cifras y de los nombres públicos.

Pagos frecuentes. Estos son relativamente pequeños, presupuestados incluso y que suelen disfrazarse como gastos en la contabilidad de las empresas. Por ejemplo, gastos relacionados con patrocinios, donaciones, viáticos, honorarios de servicios profesionales, publicidad, etcétera. De esta manera las empresas buscan mantener los beneficios que “compran” de manera constante y segura.

Regalos. La experiencia nos indica que los regalos muchas veces tienen una intención corrupta, es decir, comprar la conciencia o decisión de una persona en particular que, gracias a su posición, puede favorecer en un momento dado a una empresa. Los regalos pueden ser desde objetos aparentemente triviales hasta regalos suntuosos. En todo caso, quien recibe un regalo suele comprometerse a decisiones opacas.

Beneficios o favores, muchas veces mediante terceras personas. En diversos casos se ha observado que el soborno no sucede necesariamente a manera de dinero, sino por medio de favores cuyo beneficiario incluso puede no ser directamente la persona corrompida. Así se detectó, por ejemplo, en una ocasión en la que el soborno se entregó por medio de la contratación, por parte de una trasnacional, del hijo de un funcionario público que entregó irregularmente un contrato. La contratación del hijo del funcionario sucedió de una manera fuera de los estándares normales del negocio de la trasnacional, claramente como pago por el beneficio recibido.

Entretenimiento. La corrupción está fuertemente asociada con conductas no éticas, dentro y fuera de los espacios de trabajo. En varios países, especialmente de América Latina, se ha observado que grupos delictivos, vinculados con trata de blancas y explotación sexual, suelen asistir a las negociaciones ilegales que redundan en la concesión de contratos, licencias, permisos o cualquier otro tipo de beneficios para las empresas involucradas.

¿Quién suele estar involucrado en los actos de corrupción?

La corrupción no sucede en el vacío. Si hay corrupción es porque existen personas, individuos específicos, que llegan a algún tipo de acuerdo y efectúan el intercambio ilegal: unos recibiendo el soborno y otros entregando el dinero, el regalo o el favor requerido. En ese sentido es importante esclarecer quiénes son las personas que, desde el lado de las compañías corruptas, suelen involucrarse en estas malas prácticas. La evidencia empírica existente nos señala a tres grupos de corruptores:

  • Aproximadamente 10% de los pagos de sobornos están directamente relacionados con funcionarios de rango directivo o corporativo. Este grupo representa a la alta dirección de las empresas que en algún momento dado deciden corromper para obtener algún beneficio espurio, muchas veces incluso en contravía de las propias políticas corporativas de las empresas a las que pertenecen.
  • Aproximadamente 30% de los pagos de sobornos los realizan individuos que pertenecen a los mandos medios o gerenciales de las empresas. Menos de la mitad de este grupo de corruptores suele actuar por instrucciones de sus superiores, en algún esquema más o menos consciente y tolerado de supeditación gerencial (management override). Pero la otra mitad suelen ser individuos que actúan por su propia cuenta e iniciativa. ¿Por qué lo hacen? La experiencia nos sugiere que esto sucede sobre todo cuando la persona quiere “resolver” un problema rápido y, de esa manera, ganarse el respeto y admiración de sus superiores, especialmente cuando el soborno a pagarse está relacionado con la obtención de algún permiso, licencia o evadir una multa.
  • El 70% de los pagos de sobornos se relacionan con terceras partes, como contratistas, abogados, gestores, prestadores de servicios profesionales, etcétera. Estas terceras partes suelen utilizarse por las empresas para gestionar diversos asuntos y trámites. En la práctica, lo que se ha observado es que muchas veces estas terceras partes, que actúan a nombre de y en beneficio de determinadas compañías, suelen actuar también como vehículos para pagar sobornos. Al igual que en el caso de los mandos medios, también se ha observado situaciones en que las terceras partes actúan por propia iniciativa, sin avisar claramente a la compañía que las subcontrata sobre el tipo de gestiones que realizan realmente. ¿Por qué lo hacen? Existen varias posibles respuestas, pero generalmente esto sucede cuando esa tercera parte quiere asegurar su contratación por parte de la compañía que la requiere.

Diseñar e impulsar programas anticorrupción en las empresas no es cosa fácil, se requiere una comprensión completa de los riesgos de corrupción que cada compañía enfrenta en sus diferentes procesos y funciones. Atendiendo las tres preguntas que en este ensayo se han planteado, los diseñadores de programas anticorrupción estarán en una mejor posición para centrarse en aquellos aspectos que, la experiencia y la evidencia empírica existente, nos indican como los asuntos más importantes a tomar en cuenta.

En materia de programas de prevención y detección de corrupción no hay recetas mágicas, pero todo esfuerzo será insuficiente si no se parte de un conocimiento cabal de la situación de corrupción que efectivamente se enfrenta.

 

Lic. Arturo del Castillo/Director Ejecutivo Asociado, Líder de Servicios Forenses para América Latina/Kroll México

Fuente: http://contaduriapublica.org.mx/


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