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La Asociación de Examinadores Certificados de Fraude (ACFE por sus siglas en inglés), ha dado a conocer desde 1996 el estudio “Reporte a la Nación en abuso y fraude ocupacional”.

El último de ellos fue publicado en el 2008 y puede servirnos para reflexionar sobre el tema de fraudes en las organizaciones, cuáles son sus causas y algunas soluciones.

El estudio se realizó con base en 959 casos de fraude ocupacional, investigados entre enero del 2006 y febrero del 2008 y se define éste como “el uso del puesto para enriquecimiento personal a través del mal uso intencional o mala aplicación de los recursos o activos de la organización”.

Los participantes en el estudio consideran que las organizaciones en Estados Unidos pierden 7% de sus utilidades en fraudes. Aproximadamente $994 billones de dólares en pérdidas.

Los esquemas de fraude tienden a ser muy costosos, la mediana de costos en el presente estudio fue de $175,000 dólares., pero aproximadamente un cuarto de los fraudes estudiados involucró una pérdida de al menos $1 millón de dólares.

Estos esquemas frecuentemente duran años antes de ser descubiertos. El típico fraude en el estudio tardó al menos dos años desde que empezó hasta que fue descubierto.

El estudio clasifica once diferentes categorías de fraude ocupacional, divididas en tres grandes bloques:

  1. Malversación de activos: fraudes donde el perpetrador roba o hace mal uso de los recursos de la organización. Ejemplos: falsificación de facturas, fraude de la nómina de pago y skimming (esquema donde se roba dinero de la compañía antes de que sea clasificado o registrado en libros.
  2. Corrupción: esquemas donde el defraudador usa su influencia en las transacciones de negocio de un modo que viola su deber hacia la compañía para obtener un beneficio propio o para alguien. Ejemplos: soborno, extorsión o conflicto de interés.
  3. Fraude en los estados financieros: involucra la modificación u omisión de información de los reportes financieros de la organización. Ejemplos: reporte de utilidades ficticias, o encubrimiento de costos o responsabilidades.

Los más comunes de estos fueron la corrupción en un 27% de los casos y  la facturación fraudulenta con 24%. Sin embargo, el fraude a los estados financieros es la estrategia más costosa con una mediana en pérdidas de $2 millones de dólares.

A pesar del incremento en los controles anti fraude y el surgimiento de la Ley Sarbanes-Oxley, la mayoría de los fraudes ocupaciones se detectan por denuncias anónimas (tip) más que por controles o auditorías.

Sin embargo, aquellas compañías que cuentan con controles anti fraude sí disminuyeron el impacto del fraude sustancialmente. Por ejemplo, empresas que llevaron a cabo auditorías sorpresa redujeron las pérdidas en una mediana de hasta $70,000 dólares, mientras que las que no las implementaron tuvieron una mediana en pérdidas por $207,000 dólares. Similares cifras se encuentran en empresas que tienen: líneas de denuncia anónima, y programas de capacitación en estos temas a empleados.

En cuanto a la educación del perpetrador, sólo el 11% tiene un posgrado, y el 34% tienen una licenciatura. Sin embargo, mientras más se eleva el grado académico más se elevan las pérdidas para la empresa. Empleados con licenciatura tienen una mediana de pérdidas por $210,000 dólares., mientras que los posgraduados tienen una mediana en pérdidas por $550,000 dólares.

Como vemos en los datos anteriores el fraude se comete en todos los niveles, pero el perfil del defraudador que más hace daño a las instituciones es el de una persona con  buena educación y una alta responsabilidad. ¿Por qué se da el fenómeno de que un directivo con buena remuneración y buena preparación considere la posibilidad de cometer fraude? El problema es profundamente humano y la antropología filosófica tiene mucho qué decir al respecto.

La causa de la comisión de fraudes es la avaricia, y ésta se define como el apetito desordenado de bienes materiales. Una de sus manifestaciones es el engaño, y cuando el engaño es con cosas se le llama fraude.

La causa de que las personas cometan fraude es una falta de educación en una virtud que los griegos llamaban liberalidad, que es la virtud que regula conforme a la razón, las acciones que tienen que ver con el uso y adquisición de los bienes materiales. El equilibrio entre el dar, gastar, cuidar y obtener los bienes materiales se aprende, no se da naturalmente. Cuando no se pone atención en el desarrollo de esta virtud se abren posibilidades inmensas en la comisión de fraudes.

El equilibrio entre la ética (en cuanto a la educación de virtudes, en este caso la liberalidad) y los controles (internos y externos) es la mejor arma para fomentar una cultura de confianza en las instituciones y disminuir los riesgos de fraudes en su interior.

Marco Iván Escotto Arroyo*

Fuente: IPADE


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