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Por: CP Iván Rodriguez. Colaborador de Auditool 

Una de las mayores preocupaciones de los empresarios en este tiempo es el de negocio en marcha. Esta situación representa así mismo un desafío para los auditores, pues deben pronunciarse al respecto, en caso de advertir la posibilidad de que se materialice este riesgo.

Es necesario que los auditores evalúen el impacto de las situaciones de crisis como la pandemia y la fuerte recesión económica resultante, en partidas clave tales como el patrimonio, los valores significativos de los activos, la recuperabilidad de las cuentas por cobrar y el reconocimiento de los ingresos, por solo citar algunos ejemplos. Si bien es una situación que puede ser bastante difícil para las entidades, se requiere que los auditores hagan una evaluación en conjunto con los equipos financieros del cliente y con los directores, para mirar el tema en detalle.

Cabe recordar que el supuesto de negocio en marcha sustenta muchas normas y prácticas empleadas en la preparación de los informes financieros (de no ser así, se emplearían otras bases, como las que aplican a entidades en liquidación). La habilidad de una compañía para seguir como negocio en marcha puede apreciarse en su capacidad de pagar deudas y desarrollar su objeto social sin incurrir en grandes pérdidas. Las legislaciones en ciertos países tienen reglas al respecto.

Ahora bien, un ingrediente adicional en el trabajo del auditor para opinar sobre si se cumple el supuesto del negocio en marcha, es la información disponible. En una situación de crisis como la pandemia actual, en que se presenta un entorno económico muy incierto, no se exime a los auditores acerca de la emisión de informes cumpliendo ciertos requisitos. Es por ello, que deben tenerse en cuenta consideraciones como las siguientes:

  • Si la crisis afecta significativamente la capacidad de una entidad para continuar como negocio en marcha.
  • Si el nivel de incertidumbre es material
  • Si es apropiado emplear los supuestos de negocio en marcha para el registro de operaciones
  • Si la entidad ha efectuado revelaciones apropiadas en los estados financieros e informes.

Un auditor no puede asumir automáticamente que una crisis como la pandemia afecta de manera significativa la capacidad de una entidad para continuar como un negocio en marcha. Si bien ciertos sectores tales como el turismo o algunas actividades comerciales se han visto más afectados que otros, hay que tener en cuenta que son objeto de auxilios de gobierno, por ejemplo. De otra parte, hay que evaluar con cuidado los impactos positivos en otros sectores. Los buenos resultados para algunas empresas deben mostrar continuidad y respaldo en diferentes indicadores y estar sustentados en un comportamiento a mediano o largo plazo.

La incertidumbre, en caso de presentarse, debe ser material. Para el efecto, es importante la evaluación que haya efectuado la dirección en relación con el impacto de la crisis en planes y proyecciones futuras. El auditor debe evaluar el impacto potencial y la probabilidad de que se materialicen ciertos riesgos frente a las cifras y resultados proyectados de la compañía.

En función de los resultados obtenidos por el auditor, en caso de no existir una incertidumbre material, el tema de negocio en marcha podría ser un asunto de auditoría clave. En otras circunstancias, la administración podría no tener información suficiente, incluso con un análisis exhaustivo de escenarios y el auditor podría considerar una abstención de opinión.

El auditor debe considerar, en los casos en que hay suficiente información para determinar que existe una incertidumbre importante sobre el negocio en marcha, la necesidad de que el cliente modifique ciertas prácticas contables que ya no serían aplicables. (Esto genera resistencia en las administraciones de los clientes, pues es difícil aceptar que no hay condiciones para continuar como negocio en marcha). Acá, las evidencias deben ser contundentes. No basta con planteamientos verbales ni proyecciones débilmente sustentadas, para respaldar una conclusión.

Si una entidad debe efectuar pagos importantes sin opción de aplazamiento  y no cuenta con la capacidad de generar flujos de efectivo suficientes, está en duda la posibilidad de continuar como negocio en marcha y si los estados financieros están preparados sobre esta base, es probable que el auditor tenga que emitir una opinión adversa.

Otra situación es aquella en la que el auditor no pueda confirmar si la base de la contabilidad en marcha es apropiada. El nivel de incertidumbre puede ser tan grande que impide que el auditor pueda aplicar pruebas suficientes y obtener conclusiones apropiadas para formarse una opinión sobre la habilidad de la compañía para mantenerse en marcha, lo que implicaría una abstención de opinión.

Frente a las diversas situaciones en que puede estar inmersa una compañía, es fundamental que haya revelaciones apropiadas al respecto en los estados financieros. Esto incluye los supuestos contables en la preparación de los informes, la existencia de alguna incertidumbre importante y las bases que la entidad tenga para pronunciarse sobre si se cumple la hipótesis de negocio en marcha. El auditor debe satisfacerse de la redacción de las revelaciones y concluir si son apropiadas; así mismo, debe expresarse al respecto al emitir su dictamen.  En los casos en que el auditor concluya que las revelaciones son inadecuadas o podrían ser engañosas y la entidad no las modifique, es probable que el auditor emita una opinión calificada (incluso adversa) por este motivo.

Hoy más que nunca, la preocupación sobre el negocio en marcha está presente entre las diferentes partes interesadas por lo que una debida comprensión de la conclusión del auditor sobre este tema es fundamental. Las entidades deben proporcionar a sus auditores evaluaciones detalladas y realistas sobre el negocio en marcha, basadas en la información disponible, así como suposiciones razonables sobre lo que se espera en los próximos meses. Así mismo, los auditores deben asegurar que el trabajo realizado, en cuanto a su extensión, calidad y conclusiones sustenta apropiadamente su opinión, dadas las circunstancias de la entidad.

Resulta fundamental que los diferentes usuarios de los estados financieros de una entidad, sus revelaciones y la opinión del auditor, comprendan cabalmente su contenido en lo relativo al tema de negocio en marcha y sus implicaciones en el futuro, puesto que ciertas decisiones de inversión, desarrollo del objeto social, planes de expansión y en general del funcionamiento operativo y financiero dependerán de la habilidad de la entidad para seguir operando en las actuales circunstancias o tomar decisiones drásticas en otro sentido.

La responsabilidad de los auditores, como se aprecia en este caso, es trascendental. Por ello, sus actuaciones deben enmarcarse en criterios éticos y profesionales más que posiciones subjetivas y expectativas poco sustentadas. El impacto social que pueda causar una compañía que no tiene la habilidad de continuar como negocio en marcha, no puede incrementarse por efecto de una opinión equivocada de un auditor, lo cual repercute negativamente no solo en el entorno económico y social, sino que afecta sensiblemente a la profesión.

 

 

CP Iván Rodríguez -  

Auditor y Consultor, Diplomado en Alta Gerencia de Seguros y Derecho de Seguros. Especialista en Dirección Financiera y Desarrollo Organizacional, Diplomado en Gerencia de la Calidad, Contador Público de la Pontificia Universidad Javeriana, con 20 años de experiencia en diversas empresas. Amplia experiencia en la elaboración y ejecución de auditorías y revisorías fiscales. Dirección y ejecución de asesorías, consultorías y capacitaciones. Colaborador de Auditool

Bogotá DC, Colombia

 


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