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La primera década del siglo XXI trajo, entre otras cosas, una crisis de confiabilidad en los mercados financieros. Para contextualizar esta reflexión tenemos que, al inicio del año 2000,

con la explosión de la burbuja de las tech.com, muchos inversionistas pequeños vieron cómo el valor de mercado de sus acciones se desplomaba, lo cual dejó como grandes afectados a los fondos de pensiones y a los poseedores del Stock Options

El abuso de las medidas, en aquel periodo, no contables como el EBITDA (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization) y sus variaciones dentro de los análisis financieros, incluido el Management Discussion and Analysis (MD&A), así como la falta de reglas en la valuación de los activos intangibles provenientes de la tecnología y la controversia de la capitalización o no, del famoso Research and Development (R&D), fueron de los temas que desataron la polémica, por lo que la profesión contable fue muy criticada y los reguladores comenzaron a intervenir en el asunto, como la prohibición de no sólo utilizar, sino mencionar medidas financieras no contables.

Aún los inversionistas no asimilaban cómo un problema que a la distancia parecía haber sido tan predecible, había logrado llegar tan lejos, cuando casi de inmediato los escándalos de Enron, Parmalat y WorldCom, llevaron a los reguladores a intervenir de una forma que no se conocía hasta ese momento. Esto dio origen a la Ley Sarbanes-Oxley y más adelante a la creación del Public Company Accounting Oversigth Board (PCAOB).

Una de las críticas, en ese entonces, fue hacia los auditores y la forma en que ejecutaban su negocio; se crearon mecanismos para regular los conflictos de interés, la forma en que las firmas de auditores se relacionan con las compañías públicas y la vigilancia que las firmas utilizan para validar el seguimiento de sus propias reglas para realizar su trabajo.

El control interno de las entidades tuvo gran relevancia y se adoptó como marco global el modelo de evaluación y análisis del control interno creado por el
Committee of Sponsoring Organizations (COSO), un Comité compuesto por las siguientes instituciones:

  • American Accounting Association.
  • American Institute of Certified Public Accountants.
  • Financial Executives International.
  • The Association for Accountants and Financial Professionals in Business.
  • The Institute of Internal Auditors.

Por si esto fuera poco, recordemos las últimas crisis como la hipotecaria, las calificadoras de riesgos y las economías de estados como España, Grecia, Irlanda y Portugal.

¿Hacia dónde vamos?

Así como las Normas de Información Financiera (NIF) transitan hacia la convergencia en todo el mundo y en unos años sólo existirán dos marcos de referencia que serán los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados en Estados Unidos (US-GAAP) y las Normas Internacionales de Información Financiera (IFRS, por sus siglas en inglés), en ese sentido, las normas de auditoría van por el mismo rumbo y, en principio, las Normas Internacionales de Auditoría (ISA, por sus siglas en inglés), serán el marco general a aplicar.

La intención de estos movimientos está encaminada a revalorar y reforzar los niveles de certidumbre que los mercados y los inversionistas, accionistas y partes interesadas ponen en el trabajo del auditor. Pero, ¿qué implica esto o cuáles serán los cambios fundamentales?

Ir a una adopción integral permitirá a las compañías  y a los reguladores tener la certeza de que tanto el desarrollo de las revisiones de auditoría como las normas que regulan la actuación del auditor sean las mismas que se siguen en todo el mundo, excepto el mercado americano que continuará con su marco local; sin embargo, trabajan para llegar a una convergencia.

Las normas internacionales, desde otra perspectiva, brindan las guías necesarias para los trabajos de auditoría, atestiguamiento y demás revisiones y reportes. 

Cabe mencionar que las ISA desde 2006 entraron en un proceso de auto-revisión muy profundo que tenía por objeto conformar un marco claro y robusto de normas. Este esfuerzo se realizó mediante un proyecto llamado Clarity Project, que el órgano emisor de las ISA, el
International Auditing and Assurance Standards Boards (IAASB), emitió y complementó varias de las normas con el objetivo de darles claridad. Hoy por hoy, incluso nuevas normas como la ISA 600, Group Audits, establecen reglas claras sobre temas tan complicados como la realización de una auditoría de grandes grupos o conglomerados donde existen varios auditores y componentes involucrados. Esta norma da una guía clara no sólo al auditor, sino que asegura, ante cualquier regulador, que no existirán “huecos” donde nadie se responsabilice por el trabajo de auditoría.

Como se puede observar, la auditoría, si bien en su concepción básica que resulta de la revisión de los registros y reportes financieros, se mantiene. Las consideraciones que han traído una evolución, son las encaminadas hacia mayor regulación, relativa a las relaciones con los auditados, de los procesos de calidad, del uso de marcos de referencia no sólo relativos a las normas financieras contables, sino, también, a los enfoques de riesgos y de control interno.
Esta evolución y hasta cierto grado crítica, se hace más necesaria y relevante ante la publicación reciente de la Comisión Europea (CE, European Commission) del Green Paper “Audit Policy: Lessons from the Crisis”.

Un Green Paper emitido por la CE, es un documento de discusión que tiene el propósito de estimular el debate para lograr, por medio de un proceso de consulta, el lanzamiento de alguna nueva ley sobre un tema en particular (sin entrar en mayor detalle a este documento controversial), sí podemos comentar que el documento persigue, en esencia, mejorar las relaciones de los auditores y evaluar su actuación, tal vez el camino crítico del documento no sea la mejor forma de abordar esta situación, pero de cierta manera contribuye al debate y análisis de lo que será el futuro de la auditoría externa.

Preparando el futuro

Después de este recorrido a través de la necesidad de cambio y hacia dónde nos dirigimos, nos queda la sensación de que la auditoría externa será cada vez más una actividad que requerirá no sólo de profesionales expertos en normas financieras, sino con habilidades de análisis, sensibilidad y responsabilidad pública que harán de ella un tema más especializado.

Con frecuencia, escucho expresiones o comentarios que visualizan esta actividad como un commodity; sin embargo, al observar el mundo de las regulaciones, la alta responsabilidad y, sobre todo, el ambiente globalizado en el que vivimos, estoy convencido de que esta actividad no será así.

C.P.C. Rafael García Gómez
Socio de Auditoría
Deloitte

Fuente: Revista Contaduría Pública www.contaduriapublica.org.mxdel Instituto Mexicano de Contadores Públicos www.imcp.org.mx


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